Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DESIGUALDAD

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 27-01-14)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

Siendo la desigualdad un aspecto característico del México de hoy, se recomienda a los miembros del gabinete y particularmente a la Sra. Rosario Robles Berlanga, su investigación a fondo, tanto como un problema en sí mismo, en términos de justicia social, como respecto de los riesgos que significa para la estabilidad y la paz, por el carácter instrumental que, al disminuir o aumentar, puede tener para acelerar o desacelerar la inversión, el empleo, el respeto a las instituciones y desde luego, el crecimiento económico.

La desigualdad en la distribución del ingreso es sólo una de las tantas que imperan en el país, donde con un mayor o menor grado de correlación, las desigualdades económicas conviven con las de género, de acceso a la justicia y a la seguridad, de desarrollo de capacidades y de acceso a bienes y servicios ambientales, entre muchas otras.

Sin duda alguna, el nuevo año comenzó con la difusión de múltiples y variadas estrategias que fueron diseñadas desde lo alto del poder, a golpes de oportunidad difusiva. Secretarios del gabinete van y vienen presurosos (como pastorcillos de Belén) y lanzan discursos terminales: el campo será productivo y autosuficiente, no más gasolinazos, bajarán los intereses bancarios, inflación menor al 5%, habrá más infraestructura y empleo bien remunerado, tendremos un México sin hambre y, la paz y seguridad retornarán a todos los rincones de la patria.

Ante la algarabía oficial, nuestra realidad en cambio, sigue siendo esquiva y muestra su cara por demás dura y decadente, los problemas básicos del país y de su gente ahí están, (pobreza extrema, alza de precios, desempleo, inflación e impuestos altos), continúan tan dramáticos como siempre, se han complicado y, crecerán en la medida en que las recientes modificaciones legislativas (de las cuales se presume la efectividad para lograrlas), comiencen a mostrar en su etapa secundaria su verdadera intencionalidad depredadora, que conlleva la explícita intención de agrandar las diferencias entre los que todo (o casi todo) lo tienen y los de abajo.

No hay duda de tales intenciones, los efectos desequilibrantes están bien documentados, ningún artilugio desaparecerá del horizonte cotidiano las privaciones de millones de mexicanos y migrantes del sur, que desesperados sufren las consecuencias derivadas de la desigualdad social y económica

Al mismo tiempo, entre los extremos de desigualdad antes mencionados, los avances en educación, salud, vivienda, seguridad social, acceso a la alimentación y a las tecnologías de la información que tanto se pregonan en los círculos oficiales y en los diferentes medios, han permitido que, de la noche a la mañana, se haya conformado un conjunto de clases medias que concentra una parte importante de la población (cautiva fiscalmente) con tendencia a condiciones desiguales por causa de una política hacendaria que no ensancha la base tributaria.

México tiene representantes entre las exclusivas listas de los más ricos del mundo y entre las no tan exclusivas de los más marginados. Proclamar a todo pulmón difusivo, la riqueza de algunos cuantos plutócratas (el poder lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza) tal como hacen los medios de comunicación integrados al sistema dominante que, en efecto, son muchos, es sin duda la contraparte de la deformidad que aqueja a todo afán de justicia.

Sin querer tapar el sol con un dedo y sin vislumbrar bases efectivas para presentar escenario positivo alguno; en el corto plazo, todo está al alcance de un discurso falso y demagógico, más allá de eso no se visualiza más que la continuidad del deterioro sociopolítico y económico o, en el peor de los escenarios, un cercano precipicio para desbarrancarnos, por más que las autoridades se empeñen en dibujar algo confuso pero acorde a sus pretensiones.

 


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