Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DE LUTO Y SIN INGRESOS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 21-10-13)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

Con la fuerza que le caracteriza, hace apenas un mes, la naturaleza puso a prueba una vez más, la irregularidad de los asentamientos que son construidos sobre zonas de riesgo, dejando a la vista la fragilidad de nuestros gobernantes, el entramado de relaciones viciadas, de negocios oscuros, de autoridades que sin respetar ninguna ley, alimentan (seguramente por una cuota), la multiplicación de voraces desarrolladores que nadan mucho mejor que los tiburones en un mar embravecido, ante las necesidades de tanta gente que con justa razón reclaman su seguridad, patrimonio y bienestar.

En La Pintada, pintoresca población cafetalera de la montaña del sur de Guerrero, donde se desgajó un cerro, sus habitantes, muchos de ellos sepultados por el alud, para hacer honor a su nombre, seguramente pasaban la brocha gorda por todo lugar público con los colores blanco, verde y rojo de las fiestas patrias. Hoy solamente quedan como testimonios mudos e inertes de aquella ocasión, los faroles, las bancas, las calles desiertas y el quiosco...

En su visita, el propio presidente Peña Nieto –quien llegó por primera vez a recorrer el lugar– y los pocos habitantes que permanecen en esa población, coincidieron en dar prácticamente por perdida toda esperanza de encontrar a alguien más con vida.

Iván Alberto Adame Gallardo, joven de 12 años, quien deambula quizá como el único de su edad aún aquí, no logra entender la tragedia. Sus padres se salvaron, no así 14 de su familia: dos hermanos de su papá, sus esposas, sus primos...

Con lágrimas asomándose a sus ojos, narra: “Casi todo el pueblo se había reunido para el festejo del día de la Independencia”. Reunirnos en el zócalo, dice, quizá evitó una tragedia mayor, pues al desgajarse el cerro, las toneladas de tierra quedaron con una precisión casi sobrenatural justo a un ladito de la plaza. En el mismo tono habla Pedro Bartolomé Rodríguez, el comisario ejidal, quien apenas con unos hombres más recibe, con el rostro encajado, al presidente de la República.

Los pobladores atónitos y desesperanzados, no obstante haber escuchado al mandatario ofrecer la ayuda inmediata para poner a salvo a la población, levantan su voz por intermedio de Sofía Núñez quien con amargura y tristeza, plantea las cosas en su justa dimensión:

“Pues ya que Dios nos dio permiso de salvarnos, necesitamos que de verdad su apoyo sea como debe ser, que no nada más ahorita sean palabras, porque tuvo que ocurrir esto para que usted viniera. Si todos lo elegimos a usted y no había venido hasta ahorita; y lo necesitamos, de verdad lo necesitamos: que nos reubique, que nos arregle todo, que no nos falte nada. Somos muchas personas las que necesitamos de usted”.

En respuesta, el Presidente dijo comprometerse con La Pintada, mientras, los hombres de aquí reivindican su oficio y tradición de caficultores. Hablan con tristeza de sus matas y del grano perdido ese día, porque ‘’como el precio está tan bajo lo teníamos guardado en las bodegas que se llevó el deslave”.

Así, de luto y sin ingresos está La Pintada y para el próximo 16 de septiembre, el negro de luto y el verde de la esperanza, seguramente serán los colores patrios en esta comunidad y en muchas más de todo el territorio nacional.

De salida, la tropa, oficiales y jefes tanto de la Marina como del Ejército cierran filas para recibir de su comandante supremo, el reconocimiento a su esfuerzo para remover, con pura pala y pico y sus propias manos (mientras la maquinaria pesada desfila), las toneladas de tierra que cayeron sobre este pueblo.

Señor Presidente, usted sabe bien, que pese a la demagógica cascada declarativa lo más probable es que se vuelva a lo mismo y, aparte de algunas lecciones elementales de protección civil y de muchos gastos imprevistos del erario federal, las cosas no cambiaran. Sin duda, la ayuda oficial seguirá siendo un instrumento para contener en niveles manejables la pobreza y la marginación, pero su gobierno en pleno, deberá aprovechar la ocasión para rectificar en el más amplio sentido, el rumbo que desde tiempo atrás nos ha traído hasta aquí.

No olvide que la tensión social se agudiza, el gasto no alcanza y, el desempleo y la inseguridad no dejan de ser una bomba de tiempo, es decir, el desastre en muchas poblaciones aún no termina, deambula por él país y falta lo fundamental: la reconstrucción, esa esperanza que en muchas regiones se espera ansiosamente, para mitigar no sólo las pérdidas y devolver a las ciudades, pueblos y comunidades arrasadas su dignidad, sino también la oportunidad de sobrevivir y desarrollarse plenamente. ¿No cree Usted?

 

 


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