Linea Directa


EL PACTO ROTO Y LA DOCTRINA ESTRADA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 29-04-01)

Fidel Castro, el viejo líder de la Revolución Cubana todavía no lo sabe de fijo, aunque siente cerca una amenaza; el ruido de una víbora tepocata reptando entre la hojarasca lo tiene alerta: sobre su cabeza se cierne otro contrato en su contra.

Han pasado casi cuarenta años desde que los hermanitos Kennedy, John y Robert, giraron una orden secreta a la CIA para montar una operación encubierta para asesinar a Fidel Castro. Bobby, entonces fiscal general, personalmente impartió las instrucciones para que el operativo fuera planeado y controlado por la Agencia Central de Inteligencia pero, para evitar secuelas legales peligrosas, el atentado debería llevarlo a cabo alguna de las familias de la Mafia estadounidense, esa añeja y benemérita institución enclavada en el corazón del sistema político norteamericano que, al haberse visto desplazada de Cuba por el movimiento revolucionario, guardaba fuertes rencores hacia los dirigentes de la revolución. Para tal efecto la CIA designó a William King Harvey, como el hombre con licencia para matar que planearía las acciones y éste, ni tardo ni perezoso, aprovechó los contactos de un operativo previo, para afinar los detalles del contrato, con Johonny Roselli, Santos Trafficante y Sam Giancana, famosos gángsters de la época. Quién iba a pensar que poco después de aquello, el mismo peligroso dúo formado por la CIA y la Mafia, iban a operar juntos la ejecución de John F. Kennedy en Dallas.

Si bien lo descrito ya es historia, hoy otra familia del poder, la del ex señor Bush de la CIA y su vástago, ha decidido no escatimar esfuerzos para acabar con Castro. Desde luego que no matándolo, porque después de muchos infructuosos intentos a través de casi cuarenta años en el innoble empeño, se han dado por vencidos. Sin embargo, no quitan el dedo del renglón: Castro debe ser desacreditado, estigmatizado y rechazado por la comunidad internacional, hasta dejarle sólo una salida, abandonar el poder como hombre fuerte de Cuba.

Lo novedoso de esta estrategia estriba en que los señores Bush han pensado que: para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo. Esto es, que sean los mismos dirigentes latinoamericanos los encargados de hacer evidente el juego antidemocrático de Castro, al aferrarse al poder por más de treinta años sin intenciones de abandonarlo. Así que será don Vicente Fox, y su palafrenero Castañeda, quienes, desde México, harán sentir al dirigente cubano el frío hielo de una relación sin futuro. De ahí la verdadera urgencia del Poder Ejecutivo para abandonar la Doctrina Estrada, como política de Estado.

La diplomacia estadounidense ha maniobrado aceleradamente en la obtención de sus objetivos y ha operado con bastante éxito, para aislar a Cuba del contexto latinoamericano. Hasta el momento de escribir estas líneas, en el Continente Americano, sólo el presidente Hugo Chávez de Venezuela guarda aún relaciones cordiales con la Cuba de Castro. Las de México y Costa Rica con la Isla atraviesan por momentos sumamente difíciles, producto de lo mismo.

El pacto establecido entre el mandatario cubano y los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana, está roto. Ya no mandan en nuestro país los priístas, sino son los estadounidenses, y no es lo mismo el "cómo te ves ahora", que volver a verte cuarenta años después. El famoso pacto que brindó una relativa protección a Cuba por parte de México, estribaba en que Fidel Castro se comprometió a no exportar su revolución a nuestro país, ni a utilizar nuestro territorio como plataforma para exportarla a otros lugares. A cambio, el pueblo y el gobierno de la isla caribeña recibiría, por parte de nuestros dirigentes y siempre que hiciera falta, muestras solidarias de reconocimiento y de respeto. Eso se acabó, por obra y gracia de los señores Bush, de don Vicente y del señor que aún no se permite dar curso al más caro de sus sueños: pintar de rosa el edificio de Tlaltelolco.


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