FOX; UN PROYECTO TRANSNACIONAL
Por Gerardo Reyes Gómez.


El fantasma de la alternancia en el poder político en México se ha refugiado en la mente de un gran número de líderes estadounidenses y ha permeado en  extensos grupos sociales del vecino país norteño. El viejo sueño americano para modelar a nuestro país a su imagen y semejanza podría estar a punto de cumplirse.

El proceso de sucesión presidencial llevándose a cabo entre los mexicanos dependerá, en gran medida, de las tendencias que se presenten en el similar proceso que en estos momentos se dirime allende el Bravo. Pero ellos no quitan el dedo del renglón; en la práctica apoyan, con todo lo que tienen, el advenimiento del bipartidismo en México.

Vicente Fox Quezada es el hombre que representa la esperanza del cambio de modelo político hacia el sueño de los hombres de poder en el imperio. Fox no es un hombre brillante ni un gran líder capaz de convencer a multitudes. Fox es un proyecto transnacional; en torno a él se han aliado poderosas empresas que utilizan al queretano, a su club de cuadros e incluso a los viejos y desconfiados panistas, como caballo de Troya para exportar su hegemonía. Una de las pruebas más evidentes de lo anterior es que influyentes grupos de poder norteamericano le han procurado a Fox el servicio de conocidos mercenarios intelectuales, como son Jorge G. Castañeda y Adolfo Aguilar Zinser; personajes con una larga trayectoria que corre paralela a ciertos servicios de inteligencia estadounidenses.

Fox, tratado en corto, no es el hombre genial que pretende ser; es un empresario sumamente audaz y pragmático, que aspira a llenar una de las ambiciones de los mexicanos: la de verse gobernados por un caudillo, pero el no tiene los arrestos ni la inteligencia política para lograrlo. Por ello debe apoyarse en un equipo de profesionales de alto nivel de la mercadotecnia. Son esos expertos los que venden a los mexicanos la imagen de un político que se supo montar aun sobre el mismo panísmo histórico, para derrotar a un viejo y declinante priísmo enfermo de autoritarismo y corrupción.

Antes o después, los mexicanos descubrirán que Fox  no es el hombre que aparenta ser. Que, aunque representa una opción de cambio, es un invento de las empresas exportadoras del globalismo salvaje, y si, por desgracia, nos tardamos más tiempo en tomar conciencia de ello, entonces ya será demasiado tarde.