Linea Directa


LA ULTRADERECHA DIPLOMÁTICA
Por Gerardo Reyes Gómez.

El pasado lunes 16, a la hora del té, se presentó en la residencia oficial de Los Pinos el que fuera considerado, hasta hace apenas unos meses, como el archienemigo de México: el senador estadounidense Jesse Helms. Solícito y candoroso el líder de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, le extendió la mano a don Vicente Fox, a quien considera como uno de sus pares, de la ultraderecha en América.

Si Adolfo Hitler hubiera tenido oportunidad de observar la tierna escena, seguramente habría dejado notar una discreta como sardónica sonrisa; las cosas les están saliendo a pedir de boca.

Indicios de este importantísimo cambio de actitud en la política exterior México-norteamericana los hubo, aunque discretos. Y como suele suceder, en este tipo de golpes de timón, cuando el señor Lobo invita a Caperucita a irse de reventón a la discoteca de moda, para luego hacerle el amor, los indicios fueron disimulados de mil maneras. Pero no todos pasaron desapercibidos para algún maloso criticón quien, una mañana de hace apenas un mes, se fue de espaldas cuando vio publicado un artículo periodístico firmado por Jesse Helms en un diario mexicano de circulación nacional. ¿En cuál? But of course my dear, en el periódico Reforma. El mismo medio que frecuentemente se ve engalanado con sendos artículos de los siguientes personajes: Jorge G. Castañeda, Carlos Fuentes y Adolfo Aguilar Zinzer, el Estado Mayor de los intelectuales al servicio de Mr. Fox. De los tres distinguidos y preclaros pensadores, dos estuvieron a la hora del té en Los Pinos ¿Usted, amigo lector, cree que los reunió el destino o acaso fue una mera casualidad?

La ultraderecha diplomática cerró filas sin mostrar falsos pudores. Mientras el Poder Ejecutivo del imperio, encabezado por George W. Bush jr., aprieta con un movimiento de pinzas las partes nobles de la política exterior mexicana, por el otro lado el ariete del Congreso Jesse Helms deja sentir el peso de su fuerza para provocar la dolorosa horquitis. El resultado de ese proceso lo tuvimos a la vista durante la Tercera Reunión de las Américas, celebrada el pasado fin de semana en Quebec, donde Bush dejó caer una histórica declaración con la cual prácticamente ofreció una estrella a cada país de América (claro que excluyendo a Cuba, no faltaba más). Una estrella capaz de adornar, con mayor o menor brillo, la bandera de un imperio que fue capaz de comprar con su código de barras, no solo a un señor Castañeda, un Fuentes o a un Zinzer, sino hasta un Fox y a la vocera que le acompaña.


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