Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

METAMORFOSIS DE MIGUEL ÁNGEL

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 24-06-13)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

    

Es bien sabido que hace 6 meses, la designación del ex procurador de justicia capitalino, Miguel Ángel Mancera como candidato ciudadano del PRD a la jefatura de gobierno se movió en dos escenarios: el de la decisión de Ebrard de no darle la nominación a un perredista que pudiera hacerle sombra en sus ambiciones políticas, y el denominar como sucesor (para los intereses del mismo Ebrard), a un funcionario más manejable que además de carecer de equipo político y de no tener experiencia en la escalada gubernamental, le ayudaría a alcanzar la presidencia del PRD y de allí buscar candidatura presidencial en el 2018. La prisa y el estilo priista de Marcelo Ebrard (el señor de cero tolerancia y de las obras inconclusas) encontraron exitosamente, el perfil de Mancera, un político que no es forjado en el ejercicio del gobierno y del poder y que en aquel entonces como procurador durante un par de años, debió percatarse del problema de la seguridad en la ciudad, lo más lamentable es que ni en ese tiempo ni en seis meses, se ha percatado y menos se ha dado cuenta que solamente quedó atado por los compromisos con Ebrard cuya herencia de hecho, no le permitirá gobernar si no ajusta cuentas con el PRD capitalino y con el Ejecutivo Nacional de ese partido.

Sin ser coloquialmente tarados, los habitantes de la ciudad más poblada del mundo, nos hemos dado cuenta que Mancera llego a esa jefatura sin tener un proyecto de ciudad, que carece de sensibilidad política y que entiende mal el concepto de relaciones sociales, algo que por cierto, tampoco tuvieron los jefes del DDF y luego los jefes de gobierno perredistas desde Cárdenas, Rosario Robles, el peje López Obrador, Encinas y el mismo Ebrard. A todos ellos, como encargados de la administración política de la capital de la república, el gusanito de la candidatura presidencial o de algún estado vecino, los hizo distorsionar sus prioridades.

Hoy Mancera ( en su transformación) al transitar por la misma ruta, da la impresión de estar más distraído por la candidatura presidencial del 2018 que por atender los problemas de la ciudad, perfilándose desde ahora las nulas posibilidades que tiene para reorganizar la ciudad y sus delegaciones en infraestructura, vialidad, transporte, equipamiento, agua potable y desde luego limpiarla del asentamiento del crimen organizado, que aun cuando en su discurso siempre lo niega, lo cierto es que los cárteles de la droga y las redes de distribución de estupefacientes ya se han asentado en la ciudad de México, aprovechando los estilos relajados de ejercer el poder por los gobiernos perredistas, que dedican más tiempo a razonar por qué la violencia reciente es aislada que por ofrecer una estrategia de contención y ataque contra las bandas que han comenzado a calentar la plaza ( la peor fase de un proceso de instalación del crimen organizado en un territorio)

En los últimos días, en el Distrito Federal, la crisis de inseguridad por el ajuste de cuentas entre bandas de Tepito (asesinatos y desaparecidos) acaba de trasladar el campo de batalla a la lucha entre pandillas por el control de la plaza en torno a la distribución de droga, revelándose la pérdida de los controles de seguridad por parte del gobierno dentro del vacío político y de poder que generalmente se manifiesta en el cambio de un gobierno a otro y la reasignación de cargos en las áreas de seguridad. Los conocedores del tema señalan que la inseguridad en el DF, forma parte de la explosión de problemas acumulados años atrás.

Durante la gestión de López Obrador y de Ebrard Casaubón se multiplicaron las advertencias de que el problema del narcotráfico en la capital se centraba en la instalación de narco tienditas (hoy se estima la existencia de más de 5,000) changarros y misceláneas que son apenas la mínima expresión de la organización territorial de bandas criminales, para la venta de droga al menudeo, pero que como señal de peligro son una muestra clara de que detrás de los mostradores se encontraban los grandes cárteles del narcotráfico y sus operadores, listos para extender e introducir la venta de droga a mercados de mayor consumo como restaurantes, bares, cantinas y antros.

De hecho, la inquietud sobre la inseguridad en el DF es la misma desde 2004 cuando la sociedad salió a la calle a protestar contra la delincuencia y la incapacidad de las autoridades (la marcha de los pirruris como la llamó López Obrador), pero ahora se presenta con una escalada en prácticas porque detrás de las acciones delincuenciales más visibles aparecen la droga y los cárteles, la corrupción, los sicarios y las justificaciones gubernamentales de siempre que por medio de la conjugación del Verbo en gerundio demuestra una acción de manera que esta no esté definida ni por tiempo, ni por modo, número o persona. Ejemplo, estamos (investigando, trabajando, haciendo, luchando, etc.)

A ello se une la falta de sensibilidad política de Mancera que ante la percepción ciudadana sobre la inseguridad capitalina, su respuesta oficial ha sido mediática y no responde a las preocupaciones ciudadanas ya que el tono de la violencia, la percepción sobre la presencia de los cárteles en el DF y la protesta social requieren de respuestas más sólidas que los llamados al discurso positivo y engañoso del gobierno, porque la violencia criminal es demasiado seria como para soslayarla.

Sobre los 12 jóvenes desaparecidos en un bar de la hoy criminalizada Zona Rosa de la Delegación Cuauhtémoc y las ejecuciones de Tepito, el jefe de gobierno reconoció que ese día estuvo en un evento en el que departió con Miss Perú, pero corrigiéndose dijo que han representado un “golpe” a la percepción de seguridad en la Ciudad y que mientras se revisan los protocolos de atención a familiares de desaparecidos y los procedimientos de búsqueda de las víctimas, su gobierno trabaja sólo en encontrar personas vivas, no muertas, la cruda realidad es que su gobierno no tiene un panorama de la penetración de los cárteles del narcotráfico, desconoce la presencia de miembros de las bandas del Chapo y de Los Zetas y carece de un diagnóstico real de la inseguridad en la ciudad, apenas posee un mapa de la criminalidad y eventualmente registra por delegaciones el volumen de actos de violencia criminal. Vale recordar señor Mancera que las bandas del crimen organizado en la ciudad de México son variadas y operan como liderazgos diversos basados en el entendimiento (aun con autoridades policíacas) para evitar la disputa violenta por el mercado: prostitución, contrabando, venta de piratería que ya es un negocio de Los Zetas, bandas de robo de autos, trata de mujeres, control del tráfico de migrantes, pandillas operando en zonas delimitadas, bandas: de extorsionadores controladas desde los reclusorios, de asaltantes de personas a bordo de vehículos en cruceros calientes, de robo de autos, de robo a transeúntes y la proliferación de bandas de asaltantes de microbuses.

Al paso del tiempo, las malas lenguas dicen que más vale un mal jefe de gobierno que sepa conjugar el verbo en tiempo presente, que un mediano procurador en proceso de mutación.

 

 


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