Linea Directa


EL CLUB MÁS SELECTO DEL EJÉRCITO
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 16-04-01)

Después de unos días de asueto producto de la Semana Mayor, todo el mundo regresa a la realidad cotidiana que nos obliga a enfrentarnos con nuestra conciencia; los miembros del Ejército Mexicano no son una excepción y ellos deben enfrentar su propia crisis de identidad.

Maltrecha como está la moral del Ejército, luego de la visita al altiplano central del subcomandante Marcos, los altos mandos encabezados por el general secretario Gerardo Clemente Vega García debieron enfrentar los días previos al recuerdo del Vía Crucis la vergüenza de un operativo para aprehender a otro de los distinguidos miembros del selecto grupo de los narcogenerales que, enclavado en el centro mismo del Cártel del Golfo (Miguel Alemán, Tamaulipas) brindaba protección a los más prominentes capos de la organización.

Sin embargo en esta ocasión, lo más importante del evento referido no es el hecho de descubrir a una más de las manzanas podridas, que "no alcanzan a manchar el buen nombre de una institución que está por encima de mezquinas desviaciones de un cortísimo número de traidores, los cuales, corrompidos por los enormemente poderosos recursos del narcotráfico, llenaron de lodo su uniforme." No, por esta vez, quiero apuntar otro problema: el de la guerra interna entre las diferentes corrientes del Ejército Mexicano.

Fue evidente que en el operativo para aprehender a los militares involucrados con el Cártel del Golfo, como el caso lo requería, se rompieron reglas y métodos. Dejaron fuera a Policía Judicial Federal, siendo que esta fuerza está totalmente militarizada y fue compuesta , en su enorme mayoría, por miembros del Ejército regular. También dejaron fuera a la Procuraduría General de la República, por temor a que filtraran la información y pusiera sobre aviso a los narcotraficantes del famoso Cártel, siendo que esa institución también se encuentra con todos los mandos operativos en poder de militares. Y, finalmente, se optó por enviar a una tercera fuerza de un cuerpo de élite a sitiar la zona del norte de Tamaulipas donde se encontraban asentados los mandos de segundo nivel del cártel. Todos sabemos que los mandos de primer nivel del cártel viven y trabajan del otro lado de la frontera y esos, mientras no determinen otra cosa los señores de la DEA, continuarán operando con total impunidad.

Entonces lo relevante es que: la mano derecha del Ejército no confía en lo que hace la mano izquierda; que PGR no es digna de confianza ni siquiera para los militares que encabezan sus mandos; y que la Policía Judicial Federal, como estructura militar, ha perdido la confianza de quienes toman las decisiones de alto nivel operativo.

Si el general secretario Gerardo Clemente Vega García quiere empezar a resolver la terrible problemática que aqueja a su institución tendría que ser muy persuasivo para invitar a todos los generales de la SEDENA a pasar la prueba del polígrafo, comenzando por sus antecesores en el mando. Esa quizá no sería una garantía para terminar con todo el problema de corrupción del Ejército, pero podría ser un buen principio, sobre todo para evitar sorpresas tan desagradables como la que hoy nos ha ocupado.


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