Linea Directa


TEMOR EN EL GABINETE PRESIDENCIAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 16-04-01)

Inmersos en el torbellino del poder, don Vicente Fox y su pareja no se han percatado de la pérdida de popularidad de su proyecto político y, por ende, de la disminución de legitimidad de sus expectativas. A solo poco más de cuatro meses de ejercer el poder, los críticos del Gobierno dan a don Vicente el mismo tratamiento que daban a un presidente priísta, pero en su último año de ejercicio.

Si es cierto que los errores más graves del actual presidente han tenido que ver con la flojedad de su boca, al prometer mucho más de lo que puede cumplir, también lo es que otros factores han propiciado una actitud muy particular de su equipo de trabajo. Se ha formado al interior del gabinete presidencial un caldo de cultivo donde prolifera el rechazo, muchas veces inconsciente, a la pareja dinámica formada por don Vicente y la señor Sahagún. En la mayoría de los miembros del equipo de primer nivel en la toma de decisiones del Poder Ejecutivo existe un sentimiento creciente de temor, pero no a la reacción personal del presidente sobre un determinado problema, sino a quedar expuesto a la crítica opinión de la señor Sahagún.

Desde esta perspectiva, el poder central en México no sufría una situación semejante desde las reprobables frivolidades de José López Portillo, el presidente que ejerció el mando acompañado de sus amantes y terminó casado con una corista del desnudo. Si ahora Fox, el presidente puritano, no externa una conducta licenciosa, sí rompe con el buen hacer de la política al entregar una desmesurada cuota de poder a su pareja que ni el mismo José Córdoba Montoya ejerció durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Por su parte, la comunicadora estrella de la administración, quien alguna gracia debe tener para comportarse como lo hace, carece de la virtud de la discreción. Ser discreta es hablar cuando debe hacerlo y callar cuando debe callar, Pero al mismo tiempo, actuar con la suficiente mesura para no herir innecesariamente a otros actores de la política, y resignarse a ocupar un segundo plano en la atención de la opinión pública, sin tratar a cada momento de tomar por asalto todos los foros en que participa.

Se avecinan tiempos difíciles para el presidente Fox, los asuntos pendientes en el Congreso, como su reforma fiscal y sus proyectos para incrustar a México en el ambicioso escenario diseñado por los EE. UU. en el proceso de apropiación de América Latina, acelerarán en forma exponencial el desgaste natural del ejercicio del mando. Y si, además, los problemas domésticos se ven agravados por las actitudes de doña Martha, una mujer furiosamente amante del protagonismo, entonces es fácil predecir el fracaso anticipado de un presidente que no mete en cintura, porque no quiere o porque no puede, a una señora que le proyecta una pesada sombra sobre su administración.


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