Linea Directa


LA PRIVATIZACIÓN DE LA PRESIDENCIA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 09-04-01)

Un buen día, el entonces presidente Ernesto Zedillo, cansado de ser menospreciado y ridiculizado por los malosos del priísmo, quienes lo calificaban de ser un pobre diablo e impedido mental para la política, decidió vengarse. Y qué mejor que darle al PRI, al Congreso y al Poder Judicial un golpe de Estado técnico: privatizando la Presidencia de la República.

Calladito calladito, sin mencionar una palabra a nadie, Zedillo rumió durante semanas los detalles de su venganza. Claro que no se trataba de emitir una licitación pública para que los grupos de poder más importantes de México y del extranjero pujaran para ganar el contrato. Eso hubiera podido desencadenar otra revolución en el país. Pero fue entonces cuando su maquiavélico plan comenzó a tomar forma. ¿Cómo entregar la estafeta de la Presidencia de la República al sector privado? Pues muy sencillo, propiciar desde Los Pinos que un candidato, relativamente independiente de los partidos políticos, ganara las elecciones.

Tonto, pero no tanto, Zedillo se dio cuenta que su proyecto estaría en completo acuerdo con los íntimos deseos del imperio estadounidense para llevar a la Presidencia de México a un empresario privado que representase los intereses de EE.UU. y así poder consolidar su proyecto continental. De esta manera Vicente Fox cayó como anillo al dedo para cumplir la venganza de Zedillo.

Sólo de esta manera se explica la conducta de la nueva administración. A Fox no lo llevó a Los Pinos, tomándolo de la mano, un partido político. El deslinde del ahora presidente con su partido se dio desde la precampaña. El PAN fue tomado por asalto, sin haber tenido oportunidad de proponer seriamente a algún otro candidato. Para cuando se dieron cuenta de las intenciones de Fox, ya era demasiado tarde. Los verdaderos promotores y financiadores de Fox a la Presidencia fueron los grupos empresariales más fuertes de México, quienes, a su vez, forman parte de una red de transnacionales enormemente poderosas y a las que representan en México.

De esa amanera quedó finiquitada en México la era de la tecnocracia, misma que había demostrado una brutal insensibilidad para ejercer el mando político de la nación. Y, al mismo tiempo, al grito de ¡los empresarios al poder! nació la empresocracia, una moderna degeneración del antiguo concepto griego de la plutocracia.

Los empresarios más connotados del espectro económico nacional ocupan hoy los puestos más influyentes del sistema político. Los criterios gerenciales están de moda y el eficientismo, en términos de costo beneficio, es el que prevalece sobre la razón histórica y la necesidad social.

La privatización de la Presidencia se la debemos a Zedillo, pero llevarla a niveles de excelencia le tocará a Vicente Fox. Una serie de importantes transnacionales, como la Coca Cola, la Dupont, Union Carbide, la Exxon, Monsanto, Microsoft, por mencionar solo unas cuantas, hoy, desde Los Pinos, ejercen el poder político utilizando a Fox, como el ventrílocuo del nuevo teatro de humor negro mexicano.


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