UN RECTOR ENTRE LA GUERRA Y LA PAZ
Por Gerardo Reyes Gómez.


El doctor Juan Ramón de la Fuente nunca imaginó que aquel martes, cabalístico día dedicado al dios de la Guerra, tendría que tomar una decisión de importancia crucial para su carrera política.

Al todavía en ese momento secretario de Salud le avisaron que, en una tórrida sesión de la Junta de Gobierno de la UNAM, el pequeño pero poderoso bloque de miembros afines al ex rector Sarukhán Kermes, había vetado la llegada del doctor José Narro a la Rectoría de la máxima casa de estudios; el candidato que estaba perfilado como ganador.

Sin tiempo para la reflexión profunda y una evaluación completa del marco político del conflicto de la UNAM, De la Fuente tomó el guante y, sin poder obtener el total consenso de su jefe el doctor Zedillo, decidió presentar su postulación. De otra, manera y dadas las circunstancias prevalecientes en ese momento, el rector que escogerían saldría de la terna formada por los doctores Salvador Malo, Diego Valadés y Bolivar Zapata.

Ahora a cinco meses de distancia de aquella decisión, el dios de la guerra reclama víctimas. El capital político del doctor De la Fuente se ha visto peligrosamente mermado. La mayoría de los miembros de su equipo no poseen ni la visión ni la sensibilidad política para salir airosos en un conflicto que, por ahora, no pueden ganar, porque el principal enemigo de las autoridades de la UNAM no es el Consejo General de Huelga, sino quienes están detrás de él.

Un análisis exhaustivo y riguroso de las copias de los informes del Cisen, les daría la pauta de quiénes tomaron la decisión de mantener fuera del proceso de sucesión presidencial a la UNAM, como una maniobra de distracción, ya que la Universidad es mayoritariamente de oposición. Ante lo reñido de la contienda electoral, y aunque se asegure lo contrario, para el poder central es altamente deseable que la UNAM no participe.

Buen número de los miembros de la Comisión Negociadora nombrada por el rector, no son capaces de entender lo anterior. El doctor Del Val, secretario general de la Universidad, con frecuencia se enoja y no solamente de dientes para afuera, lo cual es muy peligroso para su salud. Debido a su falta de experiencia universitaria, no entiende que el conflicto no se resolverá hasta después de pasadas las elecciones.

Todos los esfuerzos deben estar encaminados a la realización de un Congreso que legitime el nuevo modelo universitario ya delineado por la autoridad político
-académica del Estado. Si ese nuevo modelo logró o no 

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