Linea Directa


EL JUEGO DE LOS ENGAÑOS
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 26-03-01)

Diego Fernández de Cevallos, el senador panista apodado "el Jefe" quien es, en realidad, el factotum de la cámara alta del Congreso, tiene un serio problema de congruencia en su personalidad política: el ser uno y decirse otro. Esto se desprendió de su férrea oposición a ceder la tribuna legislativa al subcomandante Marcos.

El trabajo político desarrollado por Fernández de Cevallos ha sido notable, y altamente eficiente, sin importarle la imagen que de México transmite al exterior. Pero en el extranjero no se conoce al líder del PAN en el Senado y a lo lejos él da la apariencia de ser un político serio, intenso y responsable. Sin embargo no hay nada más alejado de la verdad.

De los argumentos esgrimidos por "el Jefe" destacan que la irrupción de Marcos en la tribuna significaba un atentado a la dignidad del Congreso, infiriendo que Marcos no posee la suficiente dignidad para alcanzar ese honor. Pero lo que bien se cuida de expresar Fernández de Cevallos es que él mismo, cada vez que ocupa la tribuna comete una falta de dignidad.

Acaso no está enterado, el difícilmente honorable legislador, de que para los que sí tienen memoria a él se le conoce como narcosenador. Especialmente después de conocersele las millonarias propiedades en Punta Diamante, el complejo turístico desarrollado por los narcos y los narcopolíticos en Acapulco Guerrero. Y si a eso puede llamarse una mera coincidencia, otra muy curiosa ya no lo es tanto, me refiero al hecho de que él era el representante legal del sanatorio donde fue operado Amado Carrillo, el Señor de los Cielos y capo di tutti capi y en donde, finalmente, dicen que murió. Para cerrar el círculo de narcoactividades del ahora famoso legislador, quién no recuerda la otra muy curiosa coincidencia: la agencia funeraria encargada de proporcionar los servicios a Amado Carrillo también estaba representada legalmente por el bufete legal de Fernández de Cevallos.

Uno más de los argumentos utilizados a sotto voce por el líder panista en los corrillos del Congreso fue el siguiente: "aquel que oculta su rostro tras un pasamontañas es un cobarde". Pero entonces ¿qué es "el Jefe Diego"? Tan pronto se le olvidó que cuando él se lanzó como candidato del PAN a la Presidencia de la República, y ya habían crecido sus posibilidades a tal grado de causar pánico en las filas priístas fue amenazado y luego comparado con una enorme cantidad de billetes para que se saliera de la contienda y, otra vez curiosamente, el candidato panista se ocultó durante casi un mes y medio, para dejar la vía libre a Ernesto Zedillo y permitir que el candidato de Córdoba Montoya llegara a la Presidencia. ¿Acaso esto no se llama cobardía, amén de poder utilizar otros calificativos aún más propios y descriptivos?

Ahora que, situados ya en la nueva política pragmática del panísmo histórico, Fernández de Cevallos puso en evidencia que él está trabajando para los intereses de un grupúsculo político, así como hizo evidente la profunda fractura que existe entre el presidente Fox y su partido.

Mientras "el Jefe Diego" otra vez vendió sus servicios a la ultraderecha, Fox fracasó al intentar hacernos creer que él había sufrido un corrimiento político hacia el extremo centro del espectro. ¿Es o no éste un descarado juego de los engaños?


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