Linea Directa


PLAN WASHINGTON-PUEBLA-PANAMÁ
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 05-03-01)

Al presidente del Consejo de Administración de México, S. A. de C. V. se le complican un poco las cosas; por primera vez comienza a considerar la posibilidad de una quiebra técnica (de popularidad) que pondría en peligro su proyecto para mantenerse en el poder a largo plazo. El subcomandante Marcos viene por todo.

A su paso por los primeros puntos de la ruta de la marcha del Ejército Zapatista, la ciudadanía indígena, pero también la criolla, se han volcado para vitorear a quien ya es un hombre leyenda: aquel que se atrevió a declarar la guerra al Ejército Mexicano. Con un entusiasmo más propio de una audiencia en el mejor concierto de música moderna de Sting, el Sub. ha vuelto frenéticas a las multitudes que le entregan su admiración y respeto muy por encima de cualquier tipo de la emocionalidad demostrada al jefe del Poder Ejecutivo en ninguna de sus reuniones. Un fenómeno político-social inédito y magnífico.

Con una puntería de excepción, Marcos, el nuevo líder de las multitudes puso en su mira dos asuntos torales para los mexicanos. El Megaproyecto de Istmo de Tehuantepec y el Programa conocido como Puebla-Panamá, pero que en realidad debería llamarse Washington-Puebla-Panamá.

El Megaproyecto del Istmo de Tehuantepec, es el viejo sueño estadounidense para hacer transitar por ese lugar estratégico las mercancías entre el Golfo de México y el Océano Pacífico, pero bajo el control de directo o indirecto de EE.UU. Eso ya está caminando, a pesar de que el Congreso de la Unión no tiene noticia de las intenciones del Ejecutivo ni de su grado de avance.

En el otro aspecto, creemos que debido a un errorcillo táctico de don Vicente Fox, el proyecto para integrar a Centro América curiosamente nació cuando el entonces aún presidente electo mexicano citó a algunos gobernadores estatales mexicanos a reunirse con él en Costa Rica para plantear sus objetivos. Ese también era un paso inédito de cualquier naciente administración. Y lo hizo después de regresar de su viaje a Washington como presidente electo. Lo cual implicó que fue allá donde recibió las instrucciones para llevar a cabo la reunión del Programa Puebla-Panamá, lo cual sería el primer paso de la estrategia mexicana para rendir cuentas en la próxima "Reunión de las Américas". ¿Quién le podría creer a Mr. Fox, cuando entonces él ni siquiera tenía listo su Programa de Gobierno.

Otra opción obligaría a pensar que don Vicente se siente presidente de un país que cuenta con algo más de noventa y ocho millones de enanos mentales, los cuales serían incapaces de percatarse que le habían prestado un taco para intentar tirar una carambola en la mesa de billar internacional; pero ni es su mesa, ni su taco ni su carambola. Esto es, el Plan Puebla-Panamá, es tan mexicano como el Plan Colombia del presidente Andrés Pastrana; ambos llevan el sello de las barras y las estrellas.

Convertido en un auténtico "Chairman of the Board", Mr. Fox juega entre la verdad y la mentira. Por un lado afirma categóricamente que Pemex o la Comisión Federal de Electricidad no se privatizarán y, por el otro, entrega a la dirección general de Pemex y el Consejo de Administración a los hombres más ricos de México, quienes a su vez son representantes de grandes transnacionales del planeta. De hecho está entregando el control de esas empresas al capital internacional. O ¿acaso los centros financieros internacionales son controlados por los marcianos?

Todo lo anterior ha hecho que bajen los bonos de don Vicente y, a este ritmo, su popularidad como Ejecutivo y su prefabricada imagen de hombre de buena fe, pronto tocarán el piso, mientras la de Marcos, si lo dejan vivir, subirá como la espuma en la cresta de una potente ola poética y, por lo pronto, magnífica.


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