¿DÓNDE QUEDÓ EL PRAGMATISMO DE FOX?
Por Gerardo Reyes Gómez

Vicente Fox, el todavía gobernador de Guanajuato y candidato oficioso de su partido a la Presidencia de la República, posición que se ganó desde hace meses, es uno de los pocos panistas que sabe a que atenerse, aunque aparentemente todavía no tiene todos los amarres con el Ejército Mexicano.
A querer o no, el PAN representa históricamente los intereses del otro ejército, el de negro (debido a las sotanas de color de luto). Entre los ejércitos verde y negro ha existido una lucha sin cuartel desde el siglo pasado y en México el sistema político hace del presidente el primer jefe de las huestes de verde, lo que obligó al doctor Zedillo a tomar posición, independientemente de sus simpatías o deseos.
Fox sabe, o debería saber, que sin una negociación previa de alto nivel no podrá llegar a detentar la Presidencia, porque el Ejército verde lo vetaría como su jefe constitucional; los agravios entre estos dos ejércitos podrían llenar un libro de apreciables dimensiones. Entonces la democracia en nuestro país obligadamente tendrá que ser una democracia negociada.
Cuando Fox era un joven diputado aún no pertenecía al cerrado círculo de poder de su partido, no obstante ello, pudo percatarse, perfectamente, de lo azaroso del camino a recorrer para un panista que quiera llegar a Los Pinos. El entonces carismático líder Manuel Clouthier, que contendiera, junto con Carlos Salinas y Cuauhtémoc Cárdenas, por la Presidencia (1988) no entendió que México no estaba listo para la democracia y, a pesar de sus muy importantes apoyos de ciertos centros de poder estadounidenses, el sistema puso en práctica drásticas medidas para acallar la voz de Don Manuel. Aquel fue un operativo montado por fuerzas de seguridad del Estado (similar al que terminara la vida de otro muy ilustre mexicano, el senador José Ángel Conchiello) el cual tuvo lugar en una carretera de su estado natal.
Así que si Fox, a estas alturas del partido, no ha conseguido la luz verde para su proyecto ello significa que su pragmatismo político le está fallando, y si aún le falta concretar alguna negociación, entonces es un líder con pies de barro; está poniendo en riesgo su vida y el proyecto político que representa. Como puede observarse no son cosas menores.