Linea Directa


LA VICEPRESIDENTA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 19-02-01)

Los mexicanos, que de vez en cuando nos sacamos la lotería sin comprar billete, no imaginábamos que el pasado 2 de julio nos tocaría la varita mágica y, por el precio de un voto, seríamos doblemente recompensados; además de presidente nos ganaríamos una vicepresidenta: la señora Marta Sahgún.

Para efectos prácticos doña Marta es toda una mujer de Estado. No importa que no exista la figura jurídica en la Ley Orgánica de la Federación, tampoco ha importado para llevar a cabo otros nombramientos, pero ella es un caso de excepción. Una mujer de Estado es aquella que toma decisiones que afectan a la comunidad nacional del Estado y a sus instituciones. Haber decidido quién, cuándo y cómo debería tomar el timón del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, no es una cuestión menor. En un país que cifra su futuro en el desarrollo del conocimiento, de la educación y la cultura, haría prioritaria la importancia de una decisión que afectará el porvenir de la comunidad nacional. Otras designaciones como la dirección del Canal 11 de televisión, con ser muy importantes, no alcanzan la dimensión de un programa nacional de cultura, sin embargo, doña Marta ejerce sus facultades con la seguridad que emana de la autoridad.

Si lo anterior fuera todo, quizá en el mare magnum o torbellino del mal llamado proceso de transición, doña Marta hubiera pasado relativamente desapercibida, pero hete aquí que el poder que ejerce la señora se ha evidenciado en otras importantes esferas del Poder Ejecutivo Federal. Cuando el ahora canciller Jorge Germán Castañeda, resbaló con una cáscara de plátano, en aquella famosa entrevista de prensa, al regreso del viaje del entonces presidente electo Vicente Fox a EE.UU. y se ganó la animadversión de buena parte de los chicos de la prensa, debido a que su innata prepotencia lo obligó a echarles en cara que no hablaban inglés, fue doña Marta la que, en términos periodísticos, le enmendó la plana, obligándolo a capitular. Fueron días difíciles pero, finalmente, luego de mover los resortes del poder de la vicepresidenta en los medios, terminaron por perdonarle el terrible desliz. Si Castañeda tenía o no razón, no es el fondo de la cuestión, sino la importancia radica en que alguien que está por encima de los miembros del Gabinete Presidencial, pudo reconvenir públicamente a aquel que luego sería el secretario de Relaciones Exteriores.

Como todo hombre o mujer de Estado que se respete, doña Marta posee una base social, que da legitimidad a sus decisiones de Estado, y ella, modestamente, no cuenta con grupúsculos aislados, sino con legiones de poder. En el proceso de toma de decisiones, la señora Saghún utiliza los servicios de sus propios head hunters: distinguidos miembros de la orden de los Legionarios de Cristo. Ellos dan el Vo. Bo. a los candidatos propuestos por la vicepresidenta. Solo así se pudo reclutar un grupo sólido de secretarios de Estado homogéneo y compacto: todos son enemigos abiertos o encubiertos del aborto y de la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo. El sueño dorado de organizaciones de ultra derecha, como la de "los Tecos" y Provida, llevado a la nueva realidad, gracias a la vicepresidenta. ¿Díganme si no somos unos suertudos los mexicanos, cuando nos sacamos la lotería para Los Pinos?


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