Linea Directa


LAS VIRTUDES DE FOX
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 11-02-01)

Debo confesar que estoy harto de ser acusado, de ser un crítico inclemente y hasta sangriento con los personajes políticos que merecen inscribir sus nombres en las páginas negras de la historia. Sin embargo, esta vez deseo mencionar los aspectos positivos que alguno de ellos muestra, como rasgos distintivos de su personalidad. Y si no me sale bien la cosa, pues mea será la culpa.

De don Vicente Fox me gustaría mencionar que posee el don de saber escoger a sus amigos (a lo mejor utiliza head hunters para seleccionarlos). De hecho si al señor presidente se le ocurriera mandar hacer una escultura para perpetuar en la memoria de los mexicanos a todos sus amigos, yo estaría completamente de acuerdo. No una escultura apoteósica, como la esculpida en una montaña, sino más modesta, como la que elaboró en bronce Augusto Rodán para perpetuar a los burgueses de Calais o, ya de perdida, como la escultura que inmortalizó el momento en que los "marines" izaban su bandera en la isla de Iwo Hima, la cual engalana la ciudad de Washington D.C. Pero lo importante es que no existe duda de que los amigos de Fox se merecen la escultura.

O, díganme si no, ese sufrido grupo de amigos que un día, de buenas a primeras, declaró su pública amistad, a aquel despistado gobernador que se la pasaba viajando casi sin parar y, de puro gusto y sin cobrarle, le ofrecieron llevarlo a la Presidencia de la República. ¿Acaso no es como un milagro? ¿Acaso no se merecen todo, cada una de esas personas que en aras de la amistad lo llevaron de la mano hasta Los Pinos (la vetusta casona que él luego rechazaría pero, por vía de mientras, fue la zanahoria que le pusieron enfrente al señor de las grandes botas). Si don Pancho Labastida hubiera tenido esa clase de amigos, y no como el traidorson y desleal ex presidente Zepillín, otro gallo cantaría.

Pero el mencionado es solo el principio de las virtudes de Mr. Fox, otra más importante es que él es un irremediable querendón. Y alguna otra gracia debe tener, si no, pues pregúntenle a doña Marta. La de "La fuerza del espíritu". Ella sí sabe cómo se las gasta el señor de las botas y el soltero más codiciado de México. Pero esa es harina de otro costal y mejor lo tratamos con más calma, cuando se les pase el coraje a la pareja dispareja, caldo de todos los chismes e insidias de todas las feminas envidiosas.


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