Linea Directa


LOS INTELECTUALES AL PODER
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 12-02-00)

El canciller Castañeda, sin mucho recato y aún menos discreción, se encuentra inmerso en uno más de sus no muy legítimos empeños: reproducir en México el modelo diseñado en un centro de estudios estratégicos del imperio del hemisferio norte, para llevar a los intelectuales a posiciones clave del poder político en México.

Fue así como don Jorge, el señor de Tlaltelolco, con la decisiva ayuda de una operación de inteligencia encubierta, logró escalar hasta el último peldaño de la cancillería. Él sabe, porque desde su más tierna infancia nadó en caldo de cultivo de la diplomacia, lo que ésta significa. En una muy rudimentaria definición, puede afirmarse que los diplomáticos son los ojos y los oídos de un Estado escudriñando los recónditos horizontes de las naciones amigas y enemigas. Pueden servir para mil cosas más, como por ejemplo: ser los embajadores de nuestra cultura, los defensores de nuestros migrantes, los representantes de las empresas nacionales, etcétera, etcétera. Pero la esencia de su responsabilidad gira en torno a la observación y al estudio de las condiciones adversas o no, que pueden presentarse en la nación donde están asignados y que pudieran significar alguna amenaza para los intereses del gobierno al que representan.

El primer diseño de penetración de nuestras instituciones, el de seleccionar a los estudiantes más talentosos para ayudarlos a cursar estudios en los EE.UU. y posteriormente asimilarlos y establecer lazos afines con el objeto de hacerlos proclives a la expansión de las políticas del imperio, falló en buena medida. Aunque los EE.UU. primero lograron llevar a la tecnocracia a detentar el poder político en México, fallas estructurales de nuestro sistema, como la desbocada corrupción, hicieron finalmente abortar el proyecto. Sin embargo, la importancia estratégica de nuestro país obligó a implantar otro modelo que ya se venía preparando desde hacía algunos años: entregar a la derecha empresarial las riendas del poder y obtener el control político de nuestro gobierno colocando en puestos claves de la administración federal a intelectuales que desde tiempo atrás estaban en la nómina de las agencias de inteligencia estadounidenses.

Con el advenimiento de la derecha empresarial al poder político en México, el modelo mencionado tuvo algo más que un éxito relativo. Lograron penetrar las más importantes estructuras y ahora son una fuerza decisiva en los mecanismos de toma de decisiones del poder central. ¿Entonces, por qué no reproducir de nueva cuenta el modelito?

Pues bien, el canciller Castañeda, utilizando los servicios de un head hunter nacional, Gerardo Estrada, el querido compañero cariñosamente conocido como "el Sapo", está llevando a cabo el primer proceso de selección entre los intelectuales de México para ofrecerles puestos dentro de la estructura diplomática en el extranjero. Seguramente ni Estrada ni los literatos, pintores y diversos artistas (que han recibido la invitación de engrosar las filas de las representaciones mexicanas en el extranjero) conocen las entrañas del proyecto al que han sido adscritos, porque están en la primera fase del mismo. En una segunda fase, utilizando la sensibilidad y el talento de cada uno, les pedirán elaborar reportes de todo lo que ven y escuchan, en sus respectivos campos de conocimiento y esferas de acción. Reportes que serán cuidadosamente evaluados por personal de inteligencia experto y dedicado. Y el resultado llevará a la tercera fase del proyecto, el proceso de reclutamiento para trabajar al servicio del imperio, asegurándoles que al mismo tiempo lo están haciendo para los intereses del país al que oficialmente representan.

Lo triste de la situación es que dentro de esos intelectuales alguno habrá, como Castañeda, que entone aquella vieja canción de: coptenme más, que me hace su maldad feliz.


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