DAVIDOW UN EMBAJADOR ATRIBULADO
Por Gerardo Reyes Gómez

Jeffrey Davidow, el embajador de EE.UU. en México y a quien algunos hemos comenzado a apodar "el Chiquilín", hoy en día vive una verdadera pesadilla; dentro de sus responsabilidades está la de mantener informado al Departamento de Estado en Washington, sobre la situación política que vive nuestro país en tiempos de sucesión presidencial.
Si para los de acá el asunto es cosa de locos, para el "Chiquilín" el cambio de los escenarios en la política nacional es un reto para el que no estaba preparado. Cuando ya creía haber entendido lo que estaba pasando, al otro día, un maléfico duende asesor de Los Pinos, le cambia la jugada sobre la línea y él, inocentemente, se va con la finta.
Davidow sabe que, dentro de las reglas del juego, nuestros políticos tienen límites estrictos que les impiden ir más allá de lo que quisieran. Ellos dan por hecho que el presidente Zedillo no podrá apoyar a un sucesor que no esté en la lista de los aprobados por el Departamento de Estado, pero, aún así, el "Chiquilín" está muy nervioso porque, en esta ocasión, la oposición representará  un papel mucho más competitivo que en pasadas elecciones.
El embajador ha observado como se ha consolidado una oposición interna, dentro del partido oficial, en contra del presidente Zedillo y si los grupos disidentes lograran conjuntarse, estarían en posición de influir para quitarle al presidente libertad de decisión para que nombre a algún otro candidato de su preferencia. Los erráticos movimientos del Ejecutivo para recobrar el control del partido han surtido efecto, especialmente cuando mostró, en medio de un disfrazado sollozo, el tono de su autoridad, durante la celebración del onomástico de su partido. No obstante, Davidow no está convencido.
Si bien, dentro del análisis de la oposición mexicana, el Departamento de Estado ya ha mostrado inequívocas señales de que no estarían en desacuerdo si Fox gana las elecciones, al "Chiquilín" le preocupa que Cuauhtémoc Cárdenas pudiera ser quien barriera en ellas. Por lo tanto, había que descalificar al michoacano y, de paso, al Departamento de Estado con Madelein Albrigth,  que dio a conocer un expediente del joven Cuauhtémoc cuando jugaba a la disidencia, inspirado en la apertura que su padre mostraba hacia la ideología socialista, tan de moda a fines de los años cincuenta y sesenta. Ahora bien, si  el embajador es inteligente, debería averiguar si Cuauhtémoc se pronunció en contra de le privatización de la industria eléctrica, porque está en contra de la globalización o porque está en contra de Zedillo.
Finalmente, sabemos que México se encuentra dentro de los intereses estratégicos y geopolíticos de EE.UU. Dejarnos sueltos, ante la ineptitud política de nuestro actual presidente podría significar un peligro para el cual el embajador no está preparado. El mejor de los consejos para él sería, que lo tomara con calma porque, con estos sustos y con lo que él pesa, podría sobrevenirle un infarto.