LAS CONSPIRACIONES DE FOX CON EL IMPERIO
Por Gerardo Reyes Gómez.


Vicente Fox Quezada no solamente es el virtual candidato de unidad del Partido Acción Nacional a la Presidencia, también es un proyecto político para dirigir a México; un proyecto cuyas raíces se sitúan en el extranjero.
Cuando Fox se dirigió a San Pedro, en el corazón de Roma y del catolicismo mundial, no fue a darse golpes de pecho, ni a espiar algunas de sus pocas o muchas culpas; se aproximó a besar el anillo del pescador porque bien sabe Fox que el Papa es un factor real de poder mundial. Atreverse a pensar lo contrario sería cándido y pecaríamos, además, de tontos e inocentes.
Midiendo sus tiempos para "el Proyecto de las Américas" (de inspiración geopolítica estadounidense) el Vaticano hizo sentir su poder político cuando fue "convencido" por el gobierno de México para moverle el tapete al subcomandante Marcos. El nuncio apostólico Justo Mullor, como un general experto en guerras de baja intensidad, hizo un trabajo espléndido; en unos cuantos meses logró aniquilar la oposición eclesiástica aglutinada en los seguidores del obispo don Samuel Ruiz y en la corriente de la Teología de la Liberación. Sin don Samuel a sus espaldas, el movimiento insurgente chiapaneco perdió el noventa porciento de su importancia y trascendencia. Esto no implica que pueda recuperar parte de ella pero, de tiempo atrás, el movimiento ha sufrido un notable decremento de su dinámica e inercia.
Fox conoce el valor del papado. Después de haber conseguido importantes apoyos en el mundo financiero internacional con su primera visita de precampaña a Nueva York y Washington, más que como político visionario o audaz, se comportó como un pragmático empresario que cuidadosamente calcula su ruta crítica hacia Los Pinos; se apersonó en San Pedro para obtener la "bendición" política del casi todopoderoso del Vaticano.
Todo lo hasta aquí expuesto es del dominio público y nadie podría refutar la argumentación. Sin embargo, existe un hecho poco conocido, más allá del mundillo de los servicios de inteligencia estadounidenses y el Vaticano. Nos referimos a una junta muy confidencial, recientemente celebrada en EE.UU., en la cual participaron la secretaria de Estado, Madelein Albraigth, el propio Fox Quezada y, ¡váyanse de espaldas!, el secretario particular del Papa.
El secretario particular de Juan Pablo II, no es un funcionario cualquiera. De hecho es también polaco, y para el mundillo de la alta burocracia de San Pedro, es el poder tras el trono, con tanto o más fuerza que el secretario de Estado del Vaticano. El hombre de la mayor confianza de un Santo Padre cansado, disminuido y con serios problemas de vitalidad.
La triada de personajes concitada en tan peculiar junta, mueve a pensar que también los Estados Unidos están considerando seriamente una salida alternativa para la problemática de la sucesión en México. Especialmente ante la eventualidad de que la debilidad y la poca credibilidad de los mexicanos en su gobierno, planteen un peligro real del crecimiento de la violencia social e ingobernabilidad en nuestro país. Como era de esperarse la fuerza de los imperios no está al margen de nuestros asuntos.