EL PRESIDENTE ERÓTICO
Por Gerardo Reyes Gómez


¡Bravo! Finalmente, al doctor Ernesto Zedillo, le hemos descubierto un ángulo nuevo en su personalidad. De ahora en adelante podremos llamarlo "el presidente erótico"; especialmente a partir de que llamó al "Blue Baby" para que, en lo del Fobaproa, le hiciera, en lo oscurito, un trabajito semejante al que le hizo Monica Lewinsky al presidente Clinton.
Fuera máscaras, le dijo don Ernesto al Felipillo azul, porque yo de lengua me como un plato y, ni tardo ni perezoso, el jefe del Ejecutivo utilizó como intermediarios a Vicente Fox y al jefe Diego, para que pusieran de rodillas al michoacano bocón. A partir de eso al blue babay no le quedó sino respirar hondo y sentir que no se la acababa.
Atrás quedaron las valentonadas aquellas de: por mi madre bohemios, "no aprobaremos que sea el pueblo el que pague los costos de un macrofraude y, además, no permitiremos que Guillermo Ortiz continúe al frente del Banco de México, más que un gobernador, Ortiz es un chivo en cristalería."
Un gran número de diputados y senadores del PAN también tuvieron que tragar camote. Se les cayó su niño consentido y, por enésima vez, encontraron la dinámica de su congruencia. Es cierto que Fox consiguió, al hacer de Celestina, la reconciliación con el poder financiero de México y, después de eso, se le abrirán las puertas de Los Pinos, gracias a su nuevo poder de picaporte.
También, el jefe Diego, abogado del Diablo y de los narcos, consolidó su influencia al interior del partido blanquiazul y, entre la penumbra del bosque de coníferas, otra vez olfateó el perfume de billetes que, en apretados fajos, le entregarían en maletas.
Al presidente erótico, aquello le gustó, finalmente la sensación que Clinton ha puesto de moda en los más altos círculos de poder, le ganó en el ánimo y pudo, apasionadamente, expulsar aquel estado de frustración que le había corroído el alma durante los primeras semanas de diciembre.

Al otro día, "el preciso" se levantó contento y dulcemente relajado; había llegado al clímax de una jugada maestra. Cierto que había que pagar lo que ofreció, pero no existía duda, todo valió la pena por gozar de esa sensación de plenitud, era su primera victoria en mucho tiempo y toda se la ofreció la bocota del niño azul.