LOS PRECANDIDATO BENDITOS
Por Gerardo Reyes Gómez.

Cuauhtémoc Cárdenas siguió las huellas de Vicente Fox, cuando el gobernador Guanajuatense en campaña para la Presidencia de la República tomó uno de los caminos que conducen a Roma. Ahí, ambos personajes, en diferente momento, cruzaron la Plaza de San Pedro, para ser recibidos por el jefe del Estado Vaticano.
Juan Pablo II continúa siendo el líder de una fuente de poder real con enorme influencia en nuestro país.  El Papa más viajero en la historia y el mismo que ha pedido perdón a la humanidad por los crímenes cometidos por la Iglesia, como las hornacinas organizadas por la Inquisición para quemar "herejes",  o el criminal silencio de José Eugenio Pacceli cuando los nazis inmolaron a millones de judíos, ahora magnánimo, recibe a los aspirantes mexicanos a la Presidencia.
  Es tan fuerte la presencia política de la Iglesia católica en nuestra geografía, que la Secretaría de Gobernación se ha visto obligada a solicitar la cooperación de la jerarquía eclesiástica, para intentar frenar la efervescencia del clero de izquierda nacional, identificado con la teología de la liberación. El Nuncio apostólico don Justo Mullor García, quien sólo es justo de nombre, abiertamente se hizo eco de los reclamos del Ejecutivo y, previa consulta al Vaticano, le solicitó la renuncia a Arturo Lona Reyes, un obispo de Oaxaca.
Para nadie es un secreto el papel político que han jugado algunos altos prelados mexicanos, especialmente aquellos que por azares del destino fueron asignados al territorio más empobrecido de la República. Al cabo del tiempo se convirtieron en líderes sociales que, por principios pastorales o convicción humanitaria, se dedicaron a apoyar las demandas sociales de su grey. El movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional habría durado escasas semanas, de no ser por los importantes apoyos recibidos del obispo Samuel Ruiz y otros religiosos operando en Chiapas y el sureste.

Así que, para redondear la lista de los precandidatos a la Presidencia, después de Fox, y Cárdenas, faltarían, de viajar a Roma, sólo Miguelito  Alemán, don Manuel Bartlett, y el de la tierra de Garrido Canabal, el delincuente electoral Madrazo Pintado. A Roque Villanueva no lo aceptarían, porque hasta el Diablo le teme a su mímica.