LABASTIDA; UN SECRETARIO MANIATADO
Por Gerardo Reyes Gómez.


Don Pancho, usted y yo sabemos que, después de haberse solazado con las mieles de la gloria, un político puede ser obligado a tomar cicuta. Cuando le confirmaron lo de Bucareli usted, al fin humano, retomó aquel viejo sueño que culminaba en el Molino del Rey, pero poco le duraría la ilusión.
No bien se había usted montado a su caballo, cuando le lanzaron una mangana que lo frenó en seco. El Palacio Covián ya no es aquella poderosa mansión que usted conociera cuando la habitaba su compañero de gabinete don Manuel Bartlett. Ahora es pura fachada; ha sido desmembrada, debilitada y cuenta con un pobrísimo presupuesto. Ya no conserva nada de aquel viejo respeto y del temor que inspiraba a secretarios de Estado, gobernadores, funcionarios del partido, sindicatos y legisladores. Hoy la Secretaría de Gobernación es una caricatura que mueve a risa, cuando intenta imponer sus criterios a los grupos de poder para establecer los equilibrios en aras de la gobernabilidad. Carlos Salinas y su entonces jefe de asesores, Córdoba Montoya, se encargaron de darle sus actuales dimensiones políticas.
Por desconocer lo anterior, ya en este sexenio, la primera experiencia del Dr. Zedillo con Gobernación fue traumática; apenas había metido su mano derecha, cuando se la cortaron. Esteban fue la víctima de una profunda inexperiencia política de él y de su jefe; fue como querer soñar despiertos.
Sin embargo, si eso fuera todo don Pancho, las cosas no pasarían de estar mal, pero usted y yo sabemos que están peor, porque la mangana que hizo rayar su montura, cuando apenas intentaba lanzarla a galope, fueron las imposiciones en su "equipo" de colaboradores, en el "team de los truculentos".
Dependerá de su habilidad, don Pancho, para safarse de esa mangana, porque de su jefe no debe esperar milagros, él "ni fu ni fa", pero nosotros sabemos que el país se nos está deshaciendo entre las manos