Linea Directa


EL SECRETARIO DE GOBERNACIÓN ACOTADO
Por Gerardo Reyes Gómez. (05-02-00)

Alguien tendría que invitar a don Santiago Creel a hacer una reflexión para llevarlo de la mano a la realidad. Cuando el corazoncito le dio un brinco al ser invitado a ser el nuevo secretario de Gobernación, no era para echar las campañas al vuelo, ni para alimentar sus más osadas ambiciones; de hecho, don Santiago está más acotado que, en su momento, don Fernando Gutiérrez Barrios, en el sexenio de Salinas.

Ya para estas alturas el señor Creel se siente como el jamón del sandwich; lo dejaron en medio. Arriba tiene a Aguilar Zinzer y abajo a varias mulas que le tocaron en el reparto de las fichas del dominó, como el subsecretario de Gobernación, ese que gritó: ¡traición! cuando se les escapó El Chapo, el mismo funcionario que nos recordó aquella escena de un asesino, que al verse sorprendido por que lo pillaron infraganti, con el revolver en la mano aún humeante, solo acertó a gritar: ¡al ladrón; agarren al ladrón!

Es muy cierto que, en aquellos viejos tiempos que el viento se llevó, ser nominado por el presidente de la república como secretario de Gobernación, equivalía de facto a inscribirlo en el primer lugar de la carrera por la sucesión. Depositar en las manos de un político toda la responsabilidad de la conducción interna del país, equivalía a permitirle hacerse de una valiosa experiencia y, sobre todo, a realizar los amarres y establecer las negociaciones de alto nivel con los representantes de las fuentes de poder, desde una posición de fuerza. Pero eso ya cambió, especialmente cuando un presidente no confía demasiado en una sola persona para hacerse cargo de esa responsabilidad. Y, estas cosas de la confianza son como la virginidad de una joven dama: se da, o no se da.

Mucho le ayudará a don Santiago hacer una evaluación desapasionada, meticulosa y lo más realista posible del cambio en la correlación de las fuerzas políticas que inciden en el proceso de la toma de decisiones del nuevo régimen. La influencia más poderosa que entra en el juego de las decisiones no proviene del espectro interno, sino del exterior. Ergo, si don Santiago no representa esos intereses, entonces basta con sumar dos más dos para saber que, quien sí las representa, está por encima del señor Creel, ocupando un lugar preponderante en el Triunvirato informal del ejercicio real de poder de la Federación.

Es posible que el señor Creel no esté satisfecho después de realizar un análisis mínimo de su situación particular; él esperaba otra cosa, pero lo que es muy importante es que él tiene un rol que cumplir. Rol visto desde la perspectiva sociológica, que podría enmarcarse en la siguiente metáfora: "no basta que la reina sea decente, también tiene que parecerlo". Esto es, don Santiago debe asumir el papel que le corresponde representar y no permitir que otros, como don Pancho Barrio, hablen con más propiedad, autoridad y carisma de asuntos vitales de la política interna, que el mismísimo secretario del interior. No se vale. Lo están haciendo a un lado o, a lo mejor, inteligentemente él les está dando cuerda para que se ahorquen solos. Pero esa es, también, un arma de dos filos, o ¿acaso me equivoco?


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