Linea Directa


LA VISITA DE GEORGE BUSH A SAN CRISTOBAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 27-01-01)

La gran mayoría de los analista políticos están como pasmados. Después del anuncio de la visita del presidente George W. Bush al rancho de Vicente Fox en San Cristóbal, nadie acierta a responder con valentía una muy interesante serie de interrogantes:

¿A qué viene el presidente de la nación más poderosa del planeta? ¿Si Bush no viene de turista, ni en visita de Estado, dado que no recibirá los honores que exige el protocolo diplomático, ni se hará acompañar de una comitiva oficial? ¿Acaso a visitar a su amigo y comerse una carne asada con su homólogo de las botas? Claro que no, a otro perro con ese hueso.

¿Acaso la primera vez que el gran Dubya, como apodan sus amigos a George Bush Jr., viaja al extranjero, ya como presidente, estará realizando una visita de cortesía o, como es lógico suponer cuando se rompe con las más añejas tradiciones de la diplomacia norteamericana, la visita cumple una misión bien pragmática del ejercicio del poder?

¿De cuándo acá un jefe de Estado se salta las trancas de sus linderos para ir a visitar a "un cuate", sin tener en mente un objetivo específico que cumplir? ¿O será que Fox, quizá sin quererlo, tocó un botón extremadamente importante y delicado de los intereses estadounidenses; esto es, lo está haciendo muy bien, o lo está haciendo muy mal en un renglón específico de su actuar político?

Recordemos que fue el mismo grupo republicano que apoyó a George Bush Jr. quien apoyó e impulsó la candidatura de Fox en México, cuando ni el partido de Fox creía en él. Fueron los estrategas de la mercadotecnia del entonces gobernador de Texas, los cuales le servían en el área de publicidad y promoción de sus políticas ecológicas, quienes le resolvieron a Fox casi todas las situaciones peligrosas de su campaña y le diluyeron los escollos. Entonces Bush, el hijo del ex presidente y gran señor de la CIA, se siente moralmente responsable del éxito o del fracaso de Vicente Fox; si piensa que su homólogo mexicano requiere ayuda o consejo, se lo darán.

Nunca como ahora la CIA y por ende el presidente de EE.UU. estuvieron mejor informados de lo que pasa en México, eso nos lo podrán corroborar don Adolfo Aguilar Zinzer y don Jorge Germán Castañeda, porque ellos nadan en dos aguas. Y resulta muy fácil apreciar cuáles son las áreas de interés actualmente afectadas por la política foxista: la declaración de guerra contra el narcotráfico; el caso Chiapas; los drásticos cambios en la política exterior mexicana y los consensos y disensos del gobierno de Fox explicitados en el seno de la OPEP. Todo lo demás al gobierno de Bush le es superfluo.

La acendrada mojigatería de don Vicente Fox le ha impedido ver al narcotráfico como un negocio de Estado, pero debemos recordar que cuando Ronald Reagan era presidente, George Bush Sr. era director adjunto de William J. Casey, director de la CIA y, al mismo tiempo, era compañero del coronel Oliver North, el joven funcionario de inteligencia que participó activamente en el caso Irán-Contras. Aquel programa que involucró a la CIA, cuando metió las manos hasta los codos en el tráfico de cocaína para obtener fondos ilegales y, de esta manera subsidiar al ejército de los contrarrevolucionarios en Nicaragua. Así que la familia Bush sí sabe para qué le sirve el narcotráfico a un hombre de Estado. Fox es un aficionado que no sabe, o no quiere entender, que se está metiendo en un juego de ligas mayores.

Las otras tres áreas de interés para el gobierno de los EE.UU. serán analizadas en posteriores artículos, ya que forman capítulo aparte en el juego de la geoestrategia continental estadounidense.


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