UN  MENSAJE  PARA  DON  SAMUEL
Por Gerardo Reyes Gómez.


A don Pancho Labastida, titular de la Segob, no le prendió el buscapiés que envió, por instrucciones del Dr. Zedillo, al centro de decisiones políticas en El Vaticano para mandar al ex secretario Emilio Chayffet como embajador de México a la Santa Sede. Ante el velado rechazo para otorgar el beneplácito diplomático a "el libanés", el nombramiento recayó en el ex gobernador de San Luis Potosí, Sánchez Unzueta.
El hecho escueto, expuesto así, nos habla de una negociación de alto nivel de la que no estuvo ausente el responsable de asuntos religiosos del Estado Mexicano, el poblano Guillermo Jiménez Morales, quien hasta fecha reciente fungió como nuestro embajador ante el papado.
Por temor o por respeto el Gobierno federal normalmente se abstiene de aplicarle a los religiosos el Artículo 33 constitucional, esto es, no todos los días se pone de patitas en un avión que está por salir, a un clérigo como el francés Michel Henri Jean Chanteau Desillieres y menos cuando la autoridades descubrieron, después de 30 años de estancia en el país, que estaba haciendo política utilizando su investidura religiosa.
Todo hace parecer que, finalmente, el Vaticano aceptó que ha venido siendo demasiado flexible ante la existencia de dos alas, por así decirlo, de la clerecía mexicana: la tradicional y la revolucionaria, enclavada ésta última en el sureste mexicano.
Dentro del contexto del movimiento oficial xenofóbico del gobierno, se encuentra la de encontrar formas más efectivas de presión para tratar de acelerar acuerdos de distensión en Chiapas y una de ellas es apretar las tuercas al movimiento religioso revolucionario; don Samuel Ruiz ya leyó el mensaje que viene rubricado por el Vaticano.
Pronto habrá noticias más claras de don Justo Muller, el nuncio que partió a Cuba para estar presente en la visita papal a la isla caribeña; él dejó una situación y se encontrará con otra muy diferente.