UN TOPO EN SEGURIDAD NACIONAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 02-01-01)

En la terminología clásica de los servicios de inteligencia internacionales el "topo" es un agente encubierto que trabaja en las estructuras de seguridad del país a espiar. De esta manera, a Vladimiro Montecinos, el tristemente célebre agente de la CIA que logró incrustarse en los más altos círculos de poder del Peruano, puede considerarsele un topo de gran nivel, ya que obedecía las ordenes giradas en la rivera del río Potomac, aprentando que le servía al Perú.

Todo indica que Montecinos, manejando el aparato de seguridad del Estado logró percatarse que su jefe directo, el presidente Alberto Fujimori, en realidad, un agente doble --así se les denomina a quienes trabajan para los servicios de inteligencia de dos Estados--. Fujimori servia a Perú, pero también al país del sol naciente. Este conocimiento, de parte de Montecinos, lo aprovechó para encumbrarse hasta ser el segundo hombre más importante del Perú. La verdadera causa de la estrepitosa caída de Fujimori fue la firma de un tratado secreto entre el Perú y Japón. Washington se enojó y le quitaron el apoyo que la CIA le brindaba al gobierno peruano.

Todo lo anterior viene a cuento porque en México parece que se está presentando una situación semejante. El presidente Fox, obedeciendo a negociaciones secretas con el Gobierno norteamericano puso en manos de un conocido agente de los servicios de inteligencia estadounidenses la coordinación de la seguridad nacional. Dejemos claro que esta clase de cosas no se hacen de la noche a la mañana. Una operación encubierta, con la luz verde del hombre que ocupa el Salón Oval de la Casa Blanca,  fue montada desde hace varios años para incrustar a un topo en el organismo mexicano más importante de la seguridad nacional. El personaje fue cuidadosamente seleccionado y luego protegido e impulsado por una red de agentes de la élite intelectual mexicana quienes le prepararon el camino para llevarlo a ocupar esa posición.

La geoestratégia global de los EE. UU. requería de alguien que representase sus intereses en un área que, tradicionalmente, había sido coto privado de viejas como nacionalistas estructuras policiacas, que luego se sumirían en la más profunda corrupción. Los planes del imperio para México exigían y exigen un control cerrado, ya que en la lucha por exportar su hegemonía no pueden dejar al azar la conducción política de su vecino del sur. Especialmente cuando otras potencias están decididas participar activamente en la nueva configuración geopolítica mundial y hacen de México un bocado muy apetecible para quien desee participar en la competencia para repartir los espacios geográficos del planeta.
De esta manera llegó al poder Adolfo Aguilar Zinzer, el topo que tiene

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