Linea Directa


 

EL PROCESO DE SUCESIÓN EN LA UNAM (1)

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 07-05-07)

No cabe duda que el próximo proceso de sucesión de rector en la UNAM será inédito; por primera vez en la vida de la Universidad el presidente de la República, en la praxis, no será el fiel de la balanza. Debe quedar claro que algún miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM podrá tener nexos con el Felipe Calderón o con alguien de su equipo, pero eso no será necesariamente determinante para le elección, como lo había venido siendo desde los años cuarenta del siglo pasado.

Las actuales circunstancias señalan que desde la primera administración panista (la de Vicente Fox) nació una saludable distancia entre las instituciones Presidencia de la República y la rectoría de la Universidad. Eso fue palpable debido a los diferendums y negociaciones del presupuesto de la gran casa de estudios, la que se vio obligada a acudir al Congreso para cabildear un sustancial incremento entre el presupuesto asignado a la Universidad por el Poder Ejecutivo y lo mínimo requerido por esta institución educativa. Por fortuna un clima favorable rodeó las demandas universitarias y se lograron mínimos de sobre vivencia.

Sin embargo, ello no significa que exista una relación teresa entre la Universidad y la Presidencia. Factores de tipo personal inciden en la actitud de los hombres del primer círculo del señor Calderón y de él mismo, que predisponen a la lejanía o, al menos, a la no coincidencia entre las dos perspectivas de desarrollo institucional. No puede decirse que sean proyectos paralelos o semejantes. Por lo pronto hay que vivir con eso, porque las demandas de los asesores de Calderón en relación de lo que esperan de la UNAM, comparándolas con lo que en ésta se considera su misión, como una de las mejores universidades públicas del mundo, arrojan visiones distintas, aunque no en todo antagónicas.

Los meses previos al momento del nombramiento del nuevo rector, a partir de agosto, luego del periodo vacacional administrativo de la UNAM y al  principio del nuevo ciclo lectivo, podrán llegar a ser particularmente difíciles en el proceso de sucesión, porque el número de aspirantes rebasará los catorce miembros y la competencia entre los candidatos será reñida en términos meritorios, académicos y curriculares.

Con todo, la lucha más ardua girará en torno a las cualidades personales de liderazgo, negociación y potencial de los candidatos. Una mala selección podría llevar a serios problemas a la Universidad en un caldo de cultivo social y político del país que reclama mucho talento, creatividad, madurez y alta sensibilidad para poder contender con la adversidad y las terribles trampas externas que imponen los organismo internacionales empeñados en dirigir los destinos educacionales de los países en sus respectivas áreas de influencia, para el logro de sus proyectos macro políticos y sus objetivos geoestratégicos.

Recordemos que a la rectoría no llega la persona que más sabe de una o varias ciencias o disciplinas, porque la capacidad de análisis, de equilibrios en las decisiones, de juicio, de visión a futuro, de liderazgo nato, en concordancia con su humanismo, honestidad, fortaleza de espíritu, son tan indispensables, como determinantes.

La Universidad no es ni podrá ser nunca una empresa, ni manejarse como tal ante el costo-beneficio. Es una entidad de la inteligencia, donde el control debe ejercerse con tanta sutileza que requiere un alto grado de templanza, de entrega y de pasión para hacer bien las cosas e ir construyendo diariamente con la adecuada planeación, el futuro de las generaciones venideras.

En estas páginas nos proponemos escribir semanalmente una serie de artículos, abordando los problemas de esta sucesión e ir dando los nombres de los candidatos con mayores posibilidades y sus características, con el fin de informar a la comunidad universitaria sobre este proceso toral para la vida de la UNAM.


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