Linea Directa


 

CON CALDERÓN LA UNAM SE ENCUENTRA AMENAZADA

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 04-09-06)

A pesar del enorme rechazo popular por parte de la mayoría de los ciudadanos de este país, todo indica que con el contubernio de los medios electrónicos y gran parte de los medios escritos de comunicación, así como con el apoyo de la dirigencia política del imperio, Felipe Calderón será impuesto por Vicente Fox en la Presidencia.

Un candidato débil muestra siempre tendencia a ser un presidente débil, sin embargo, ello no significa que en el futuro Calderón, utilizando toda la fuerza del Estado, pueda dejar de imponerse y finalmente termine por hacer prevalecer, dictatorialmente, su voluntad y la de todos aquellos que están detrás, que si bien no son muchos, si son muy poderosos, en términos de acumulación de capitales, influencia e incluso relaciones globales.

En el momento en que Calderón se consolide, si logra hacerlo, retomará sus prioridades de transformación del Estado con un golpe fundamental de timón para lanzar al país mucho más a la derecha. Y ese día, hará cimbrar a la Universidad Nacional hasta la base de sus cimientos. Él ha percibido, desde siempre, a la UNAM como un foco ideológico de izquierda presto a ejercer no solamente la crítica en su papel de conciencia de la nación, sino también rechaza los equilibrios, donde todos tienen algo que decir en favor de la pluralidad.

En ese contexto, la UNAM deberá para entonces haber terminado de romper los puentes con las viejas estructuras que fueron motores de búsqueda en la Unión Europea durante le Guerra Fría. Enrique del Val, secretario general de la Universidad, ha estado operando para el rector Juan Ramón de la Fuente, una estrategia que apunta en esa dirección y que le permitirá al líder universitario volver a replantear el futuro de esa gran casa de estudios. Recordemos que cuando hace algo más de seis años, en una auscultación seria  y profunda llevada a cabo dentro de la comunidad universitaria se detectó que nadie, o casi nadie, quería el cambio de la UNAM, por considerarlo una amenaza para su supervivencia y autonomía. En ese tiempo fue  necesario dar marcha atrás a algunos planes que se sabían positivos en la evolución de la vetusta institución, especialmente porque se creyó temerario tratar de cambiar un modelo, en medio de lo que se vaticinaba como un giro dramático hacia la derecha ideológica del proyecto político nacional, incluido el educativo.

Hoy las condiciones han cambiado y, evidentemente, México es otro. Los cambios consensuados que se quieran adoptar por parte de la dirigencia de la UNAM y su comunidad, tendrán que implantarse por motivos de supervivencia y sobre todo para no arriesgarse a que esos cambios le sean impuestos desde afuera.

En educación, como en muchos otros renglones institucionales del convivir social, el que paga manda. Y Calderón y los que él representa no aceptan a la UNAM tal como es. La quieren integrada y supeditada a un programa donde la educación pública no sea la generadora de la sinergia educativa, sino que el núcleo creador de su dinámica y de sus metas, parta de una perspectiva de costo-beneficio en torno a un modelo privatizador y competitivo y que, con el tiempo, sea  autosuficiente.

Hay todo una lucha por delante, pero se requerirán mucho más elevados niveles de inteligencia y solidaridad de la comunidad universitaria para sacar adelante los retos que el problema plantea y ¡cuidado! porque en ello le va la vida a la UNAM.


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