LABASTIDA; UN PRECANDIDATO INTELIGENTE
Por Gerardo Reyes Gómez

Fue el doctor Ernesto Zedillo quien, sin el menor asomo de duda aceptó cambiar de prisión al hermano incómodo del ex presidente Carlos Salinas, las razones no fueron explicadas, pero también tienen que ver con el proceso de sucesión presidencial.

La responsabilidad del control del sistema penitenciario federal, y de los casos en que están involucradas personalidades de la política, cae sobre los hombros del secretario de Gobernación. Esta es un área delicada y que requiere manejo con sensibilidad política para la toma de decisiones. Siendo don Pancho Labastida el precandidato puntero del PRI en la carrera hacia la Presidencia, se hizo necesario enviar un importante mensaje de distensión al todavía poderoso ex presidente que controla, mediante sus numerosos socios, enormes recursos de capital.

Enviar a Raúl Salinas a un penal del sistema carcelario común significa un importante cambio en el estilo de vida y el asesino de José Francisco Ruiz Massieu, juzgado y condenado a 50 años de prisión, lo sabrá agradecer.

Para que el lector tenga una idea de lo que aún pasa en los reclusorios "normales", les relataré que hace unos doce años, el director general de la DEA en EE. UU. estuvo a punto de morir de un paro cardiaco. Ello fue cuando alguno de sus numerosos agentes comisionados en México, le reportó que estando trabajando en asuntos de rutina en un conocido centro nocturno de la Zona Rosa del DF, se había topado con Rafael Caro Quintero. Me refiero al entonces muy conocido capo del narcotráfico quien, supuestamente, cumplía una condena en uno de los más importantes reclusorios del D.F. Muy orondo y despreocupado, en compañía de algunos amigos de su pandilla, Rafa departía felizmente, protegido por un grupo de agentes de la ley. Él había logrado corromper hasta la médula todo el sistema penitenciario y, cansado de que solamente le enviaran a sus celdas (tenía varias asignadas) las mujeres más bellas, incluidas artistas y famosas meretrices, había optado por salir a buscarlas personalmente. Podía entrar y salir del reclusorio, como Pedro por su casa, todo era cuestión de la cantidad de dinero que quisiera pagar y él, dirigiendo sus negocios sucios desde el penal, lo consideraba como un pequeño lujo que podía darse.

Ahora Raúl Salinas podrá, sin el menor, recato volver a la buena vida. Amén de que si así lo decide, el día que se le antoje podrá armar un operativo para escapar de la justicia mexicana y dedicarse en Dublín, o cualquier otro lugar del mundo, con el cual no exista tratado de extradición, a la cría de caballos finos y a gozar de las mujeres en los más exquisitos excesos.

Como puede observarse El doctor Zedillo y don Pancho Labastida no hicieron un pequeño favor a Raúl, y esperan que Carlos, en su momento, sabrá recompensarlo. "Dando y dando pajarito volando", dice un sabio refrán del pueblo mexicano.