Linea Directa


 

AMLO, EN UN ENCUENTRO CERCANO DEL PRIMER TIPO

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 06-02-06)

En una rincón de San Ángel, de cuya casa, calle y número no quiero acordarme, no ha muchos años nació una relación entre dos hidalgos. El uno, el de adarga antigua y trato un tanto rupestre, llegó por la empedrada vía cabalgando solo, en una pick up y era jefe de un gobierno; el otro jefe nato, lo era de una gran comunidad.

Mientras el primero se vio obligado a dar instrucciones a su fiel escudero “Nico Panza”, para cubrirle las espaldas y evitar a los espías del Cisen, el segundo, quien promovió la cita, llegó previamente, además de puntual, alegre y desparpajado. El pretexto: yantar; compartir algo más que un plato de lantejas, el pan, el vino y la sal entre el pequeño grupo de hidalgos, sin la sombra de la mancha.

Después de las presentaciones, y a poco de iniciado el convite y de común acuerdo, se rompió el turrón y el tuteo reemplazó a la añeja solemnidad y a la etiqueta. Las viandas fueron para la ocasión y a los postres, después de generosas y apropiadas libaciones, el piquete de panza era común entre los comensales. La charla versada, inteligente y amena se ganó al ambiente y el objetivo se cumplió, nació una alianza implícita, entre dos líderes disímbolos, pero no antagónicos.

La anterior alegoría pretende ilustrar el momento del nacimiento de una relación que ha sido positiva y gratificante para dos liderazgos y que en estos días esta dando mucho de qué hablar. El de un candidato a la Presidencia y su secretario de Gobernación virtual (aquí sí, el orden de los factores altera el producto). Y si nos atrevemos a llamar virtual a esa relación es porque todavía los “asegúnes” son tan importantes, peligrosos y variados que, como asegura el viejo refrán, “del plato a la boca, a veces…”

En la ocasión a que nos referimos, el rector cumplió con creces su objetivo. Nunca dejó de pensar en que su comunidad, tan sólida y firme en su tradición e historia es, en sus precarios equilibrios, vulnerable. Meses antes, cuando tomó posesión el rector, recién se había terminado una de las más graves embestidas del poder público federal a la Universidad. Desde el Poder Ejecutivo Federal se había provocado una huelga inclemente que había dañado gravemente el prestigio y la vida institucional. En las oficinas del PRI del D. F. se había montado un operativo en el cual grupos de jóvenes “banda”, que no estudiantes, fueron convertidos en agitadores profesionales, a cambio de algo de dinero, botellas de licor, además de hierba, para desestabilizar durante meses a la Gran Casa de Estudios.

Luego entonces, el rector sabía que la Universidad necesitaba el apoyo de la máxima autoridad en la que se encuentra socialmente inmersa la gran mayoría de la comunidad: el D. F. Era imprescindible tender un puente de comunicación y entendimiento entre las dos instituciones, de tal manera que cuando la Universidad se viera amenazada, pudiera utilizar en forma expedita los mecanismos de seguridad que el poder público del D. F. destina, dentro de su marco jurídico, a la protección de las instituciones, para desactivar ataques de grupos o facciones partidistas de cualquier signo, que pretendan utilizarla como ariete en la competencia política nacional.

Y ahí, en esa casa del testigo de honor, ex gobernador y maestro de tantas y tantas generaciones, prevaleció lo mejor del espíritu universitario, se construyó el consenso, porque el jefe de Gobierno nunca ha dejado de sentirse parte de esa comunidad y por  voluntad propia selló el acuerdo de caballeros. Luego de ese encuentro del primer tipo, cada uno de los hidalgos, partiría para continuar luchando denodadamente contra sus propios molinos de viento.


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com