DIÁLOGO CON El DIABLO
Por Gerardo Reyes Gómez.

Cuando abordamos el tema de quién sería el último secretario de Gobernación del actual sexenio, el político que reemplazaría a Pancho Labastida disparé: ¿por qué Emilio? Pregunté curioso, y en la penumbra de aquella habitación, que me impedía distinguir claramente sus facciones, el Diablo contestó: "primero, porque tiene un gran oficio en el ejercicio del poder, segundo por su gran capacidad de trabajo y, tercero, porque posee talento."
Luego, continuó diciendo, "durante tres sexenios Emilio Gamboa se ha mantenido en posiciones de primer nivel de mando. En alguna medida él ha participado en la toma de decisiones cruciales y la suma de sus aciertos rebasa, con mucho, la de sus errores. Su capacidad de trabajo está más allá de toda duda, es de los que, como yo, vive para trabajar porque ama y siente el cosquilleo del poder corriendo por sus venas y, además, porque se requiere una gran dosis de talento para, desde las vecindades de la cumbre del poder, no hacerse de enemigos lo suficientemente fuertes para destruirlo. Manuel Camacho lo intentó y no le resultó."
Para ser sincero, el ambiente no olía a azufre, ni percibí chispas o luminosos destellos en las pupilas de mi interlocutor. Lo que sentí fue la pesada fuerza de una lógica basada en la diabólica experiencia de alguien que, como un gran maestro del ajedrez, está acostumbrado a mover las piezas en el tablero de la política.
Don Pancho Labastida saldrá de Gobernación, como otros aspirantes de sus propios puestos, para buscar la candidatura del PRI a la Presidencia, y requerirá de un verdadero profesional que no solamente le cuide las espaldas sino, además, que trabaje desde la Secretaría política para cumplir con una estrategia. Si Labastida finalmente gana o no la candidatura, dependerá de otros complejos factores entre las cuales no estarán ajenas las negociaciones de los jefes de facción de los grandes grupos y representantes de las fuentes de poder, así como del poderoso veto externo estadounidense.
A propósito de esto último, el Diablo dijo: "debemos recordar que cuando Javier García Paniagua, quien ahora goza de lo más privilegiado de mis infiernos, fue llamado por José López Portillo a Los Pinos para comunicarle que el bueno iba a ser Miguel; Javier, airado, le reclamó la falta de seriedad y de palabra para cumplir lo que le había prometido, hacerlo candidato del PRI a la Presidencia. La respuesta del mandatario de entonces fue: "yo sí quería, pero los gringos no." Después vendrían las mentadas de madre. Así que no echemos todavía las campanas al vuelo".

Para finalizar aquella conversación, y como se había pronunciado el nombre de don Javier, acordamos lanzar una moneda al aire para ver quién de nosotros le enviaba nuestro más sentido pésame al licenciado Liébano Saénz por el deceso de uno de sus más fuertes puntales. Y claro que perdí, porque pedí cruz y el Diablo cara.