Linea Directa


 

ALERTA MÁXIMA EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 21-11-05)

Desde hace algo más de un par de semanas la Universidad Nacional se encuentra en estado de alerta total. Es más, en la mente de las autoridades, desde que comenzó el desaseo político en el ambiente previo al proceso de sucesión presidencial, se sabía que las fuerzas involucradas desestabilizarían a la UNAM y, sobre aviso, no hay engaño.

La Universidad, a pesar de su fortaleza intelectual y donde se ejerce con mayor propiedad el imperio de la razón, también es, por sus características, quizá la institución más frágil políticamente hablando. Se conoce hasta la saciedad que en estas épocas políticas se hacen propicios los ataques a la gran casa de estudios. Basta recordar la sucesión presidencial anterior, cuando al principio del proceso, desde Los Pinos, Ernesto Zedillo, para lograr cumplir las instrucciones de sus amos estadounidenses de llevar al PAN a la Presidencia, paró a la Universidad para sacarla de la jugada, durante 9 meses. Una costosísima experiencia que poco le importó al sistema infringir a las juventudes con tal de sacar su proyecto adelante.

En aquella ocasión, el brazo más visible del ataque fue un economista de nombre Oscar Levín Coppel, quien desde la dirigencia priísta del D. F. manipuló los hilos y subvencionó con recursos espurios pandillas de chavos banda, como agitadores y golpeadores para paralizar la UNAM.

Hoy la Universidad infunde temor al sistema, no solo porque dentro de la institución se dirimen aspectos cruciales para el país, sino que por primera vez, después de más medio siglo surgió a la palestra política el nombre de su rector Juan Ramón de la Fuente, como no tan velado contendiente a la Presidencia de la República. A los políticos profesionales, esto los asustó mucho.

Viviendo las instituciones políticas, incluidos los partidos y las personas que los dirigen una profunda crisis de credibilidad y legitimidad, la cual conlleva a la ingobernabilidad, el hecho de que una figura de enorme peso y prestigio se erija como líder de la sociedad civil, con posibilidades reales de acceder, les causa terror a tiros y troyanos. Los ataques a los flancos más débiles, las Preparatorias y a los CCH, no son gratis, llevan destinatario y el movimiento apenas comienza.

La estrategia de defensa de la Universidad contempla la creación de un frente amplio de instituciones educativas y autoridades del Distrito Federal y del Ejecutivo, para contender y tratar de que el movimiento no crezca, porque rebasados algunos límites de violencia, si los interesados cuentan con amplios recursos y, sobre todo, apoyo de alguna autoridad, como ya se observó al inicio del movimiento, éste se torna mucho más difícil de frenar.

A estas alturas, basta un error que produzca algunas víctimas, para incendiar otros planteles, sea de la UNAM, del IPN, Colegio de Bachilleres, UAM, o cualquier otro de los muchos focos propicios a la desestabilización. Ningún partido político de los fuertes, va a renunciar a la posibilidad de llegar a la Presidencia, por no intervenir en la desestabilización de la UNAM, y el PRI, en primer lugar, conociéndola como la conoce Carlos Salinas de Gortari.


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