EL PRIMER ASPIRANTE A LA PRESIDENCIA
Por Gerardo Reyes Gómez.

A don Pancho Labastida Ochoa, el inquilino del Palacio Covián, se le acaba el tiempo; deberá renunciar al cargo de secretario de Gobernación, durante los primeros días del próximo mes de febrero, para poder cumplir con uno de los requisitos de quienes aspiran a la Presidencia de la República.
Recordemos que el señor Labastida, quien va punteando en la penúltima recta de la carrera hacia Los Pinos, formó un equipo con Esteban Moctezuma, el de Sedesol; el trabuco conocido como el "dúo dinámico" y que se explica con la fórmula de: "si tu no llegas, entonces lo haré yo". Pero las cosas no van a ser tan fáciles.
Se dice que no existe buen político con mala estrella, sin embargo, don Pancho está tratando de demostrarnos lo contrario. Por segunda ocasión, desde que ocupa la cartera de Gobernación, le ha surgido un serio imponderable. La primera vez fue cuando, designado como orador oficial en el acto dedicado a la celebración de la Constitución del 17, realizado el pasado 5 de febrero, fue atacado por la ultra derecha estadounidense en las páginas del diario más importante de esa corriente en EE.UU., atribuyéndosele supuestos nexos con el narcotráfico, durante su gestión como gobernador de Sinaloa.
El segundo golpe de mala fortuna para don Pancho fue mucho más reciente, cuando el presidente francés Jacques Chirac sugirió, durante su visita a nuestro país, que para poder aspirar a la Presidencia debería solucionar el caso de Chiapas. Ahí se le rompió el esquema al secretario Labastida.
Chirac, además de ser el mandatario francés, es un importante interlocutor que representa los intereses  de la Unión Europea. No fue gratis que se refiriera al problema de Chiapas, él sabe que esa importante zona del sureste mexicano forma un enclave geoeconómico de relevancia estratégica, del cual no están ajenas las aspiraciones de las naciones globalizadoras europeas. La opinión del presidente galo tiene, pues, un gran peso específico. El mensaje implicaba, también que el subcomandante Marcos no está solo.
Lo malo del asunto, para nuestro secretario de Gobernación, fue que él ya casi había dado por solucionado el problema del EZLN. Los espacios de los medios de comunicación se habían cerrado para no dar paso a noticias sobre la insurgencia en Chiapas. Si el poder de Sebastián Guillen siempre se basó en la palabra, utilizada con mágica eficacia a través de los medios, don Pancho actuó sobre éstos últimos para sacarlo de ahí.
Ahora Rabasa, el comisionado para solucionar el conflicto en Chiapas, tendrá que ponerse a trabajar y replantear toda la problemática, pero ya contra el tiempo. El subcomandante Marcos no es ningún estúpido y está en posición de negociar, pero siempre y cuando obtenga ventajas políticas tangibles y si bien a todos importa el factor tiempo, para el proyecto de Zedillo es fundamental.

En resumen, las cosas se complican, y al doctor Ernesto Zedillo se le comienza a hacer bolas el engrudo.