Linea Directa


LAS DEUDAS DE ZEDILLO SON DE SANGRE

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 19-09-05)

Como ha ocurrido siempre en las últimas etapas de las administraciones sexenales, los escenarios se descomponen y en la lucha por la sucesión afloran situaciones de gran peligro, incluso llega a cimbrarse el Estado al entrar en graves conflictos los grupos que detentan el poder, como ocurrió con la muerte de Luis Donaldo Colosio.

En el reacomodo de las posiciones que propicia la sucesión unos suben y otros bajan, pero la constante es que, apenas baje la intensidad de la contienda y se toman las riendas que conducen al carruaje del Estado, vendrá el momento de presentar las facturas pendientes de agravios u ofensas imperdonables. En esa tesitura el cobro y el pago se presentan puntuales y a veces hasta sangrientos.

En el escenario actual de la política los ex presidentes, que son factores reales de poder por los grupos que representan, guardan posiciones de diferente signo. Mientras Carlos Salinas es el más influyente de todos ellos como factor de la real politik, porque está dominando al PRI, a Luis Echeverría Álvarez, el sistema lo tiene golpeado, lastimado y medroso de venganzas por su actuación en el pasado. Ernesto Zedillo Ponce de León, por su parte, se encuentra verdaderamente asustado porque, como todo lo hace suponer, sabe que Salinas recuperará su pasado status de poder y que su venganza será terrible debido a los agravios recibidos por la familia Salinas: sean los dirigidos al padre, los infringidos a su hermano Raúl, como su encarcelamiento, y el reciente asesinato de otro más de sus hermanos, el destierro de  Carlos, así como venganzas ejercidas contra varios miembros prominentes de su círculo cercano, en fin esas son deudas de sangre.

Ernesto Zedillo perdió en el último golpe de mano, la oportunidad de haber presentado resistencia recuperando una importantísima cuota de poder en el PRI, a pesar de haber reclutado a Emilio Gamboa, a su grupo y a Enrique Jackson, su precandidato a la Presidencia de la República. En el último instante del operativo para encumbrar a Jackson, con un audaz “cambio de sobres”, la gente leal a Salinas y a Roberto Madrazo logró, como en un acto de prestidigitación, sacarse de la chistera a Arturo Montiel, como el precandidato del TUCOM, cuando el acuerdo había sido nombrar al iluso de Jackson. El tenebroso Salinas operó, desde las sombras, como un virtuoso mago de la conspiración.

Ahora Zedillo tiene poderosas razones para tratar de esconderse debajo de la piedra más cercana o intentar salvar la vida de dos diferentes maneras: la primera sería intentar una estrategia para aprovechar las resistencias opositoras a Madrazo y a Montiel, dentro del PRI, lo cual le permitiría negociar, o acudir a sus influyentes apoyos en el extranjero para lograr un cese al fuego o un armisticio. Claro que ninguna de las dos es fácil, pero la vida es la vida y él tendrá que defenderse, aunque a decir verdad,  Carlos no corre prisa.

Una tercera y muy remota posibilidad sería que Zedillo le prendiera una veladora a San Andrés, pero no a cualquiera, sino al que se apellida López Obrador, y otra a San Manuel (el Día de las Mulas) aunque, habiendo sido Ernesto el que autorizó el Fraude del Siglo con el Fobaproa, pocas posibilidades tiene de que se le haga otro milagrito. 


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