Linea Directa


¿UN RECTOR DE PRESIDENTE?

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 13-06-05)

Después de varios años de deleitarse discretamente con el canto de las sirenas, atado al mástil de la Rectoría de la UNAM, durante sus travesías por las procelosas aguas de su Odisea, Juan Ramón de la Fuente Ramírez está a punto de culminar un largo proceso para liberarse, y hacer lo propio con sus cercanas huestes, lanzándose en pos de una quimera: la Presidencia de la República.

Este secreto a voces, circula en varios niveles de la estructura universitaria e inquieta a una comunidad rodeada de indicadores altamente peligrosos. Cuando el deterioro institucional del país, alcanza niveles históricos y especialmente, en un caldo de cultivo adverso, el posicionamiento político del rector y de su estatus de prestigio, se ha incrementado haciéndolo el candidato natural de la sociedad civil.

Una sociedad civil que denota y rechaza los hartazgos de la banalidad, la superficialidad y la estupidez que exhibe la enorme mayoría de los actores políticos en el juego por la sucesión presidencial.

En medio de todo eso, culminan meses, si no es que años de esfuerzos para tratar de dignificar y redimensionar la política, su ética, y sus objetivos. Claro que la política moderna, como cualquier otra, requiere de pactos y negociaciones con los interlocutores de las fuentes de poder, reales y virtuales. Este trabajo político, tesonera y puntualmente, se ha venido haciendo, por parte de De la Fuente y su equipo, para cubrir en lo posible, todos los ángulos importantes y lograr un mínimo de consensos, ya que de otra manera el proyecto estaría condenado al fracaso. Porque, además de carisma se requieren acuerdos, con un gran número de estructuras de poder, grupales, institucionales, nacionales e internacionales.

Debe quedar claro que De la Fuente no es el candidato de la Universidad Nacional o de las universidades públicas del país, aunque cuenta con simpatías de la comunidad universitaria, con base en su prestigio. Porque ello haría pensar que podría haber candidatos del IPN, del Colmex, del ITAM, y tantas otras instituciones. Y, además, por que él no podría invitar a su casa de estudios a una incierta aventura que, en medio de un presidencialismo centralizado y autoritario; podría ponerla en peligro.

Las campañas políticas tienen en el mundo mediático moderno un costo enorme, porque nuestras estructuras comunicacionales son mercantilistas y esas empresas consideran, aunque no lo externen de esa manera, como un pago de complicidad de parte de las organizaciones políticas. De la Fuente entiende que se requiere un enorme flujo de recursos para lograr el éxito. No todo lo puede sustituir el carisma. Asegurar una fuente de liquidez efectiva también requiere de negociaciones y pactos y, sobre todo, compromisos. Hasta qué punto se puede hipotecar el futuro político del país. En esta administración que entró en su última etapa, ya se vio lo oneroso que han resultado los acuerdos con quienes financiaron la anterior campaña presidencial y ahora se han llenado las alforjas con los exiguos recursos del pueblo.

¿Podrán: el Grupo Monterrey, los grupos Tamaulipas y Tampico y, entre otros, Carlos Slim, costear otra vez el financiamiento de otra campaña? Pero, sobre todo, en aras de frenar el catastrófico deterioro de nuestro país ¿se podrán obtener condiciones equitativas en las negociaciones con quienes aportarán el dinero necesario para que quien resulte presidente no sea, al final de su administración, tachado de corrupto, ladrón y sinvergüenza?       


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