Linea Directa


LA UNAM SILENCIOSA, PERO NO CÓMPLICE

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 02-05-05)

Como una multitudinaria marcha ciudadana, la Universidad, sin griteríos y otras estridencias, manifiesta desde sus espacios la muy diversa riqueza de sus posiciones en torno a asuntos torales de la vida nacional. La crisis política que cimbra y erosiona profundamente al país, encuentra ecos responsables en algunos de los más valiosos  pensadores, comprometidos con el desarrollo de la educación humanista y la investigación tecnológica y científica.

La UNAM cuenta, de suyo propio, con las herramientas intelectuales y la metodología necesaria para realizar análisis objetivos y diagnósticos precisos de los avances y retrocesos del país en diferentes órdenes. Por ello es y ha sido siempre un faro que ilumina las peligrosas escolleras contra las que la nave del Estado puede impactarse y, en su caso, zozobrar.

Hoy, por falta de consensos en el proyecto nacional, cuando los signos de descomposición política afloran ominosamente en gran parte de las instituciones nacionales, pareciera que estamos a la deriva, sin contundencia en el mando, sin precisión en el rumbo y sin la férrea decisión para la búsqueda de los objetivos. Repetimos, hoy se eleva la voz del rector Juan Ramón de la Fuente para lanzar un llamado a la ecuanimidad y para dejar de simular, desde la cima del poder político, aceptando la realidad y los magros resultados en algunos renglones estratégicos de nuestro desarrollo. Como la competitividad, la educación y nuestros sistemas de salud.

Sin embargo, más allá de la crítica “ligth”, tomemos en cuenta que la Universidad Nacional mostró su nutrida presencia en la mega Marcha del Silencio. Como pudieron constatar los servicios de inteligencia extranjeros que pululan en México. Ahí se dieron cita en forma individual o ciudadana: académicos, intelectuales, artistas, científicos, estudiantes y trabajadores, contrastando con las notables ausencias de otras instituciones como las Universidades Anáhuac, Ibero o la Lassalle, por mencionar unas pocas.

Si ello se dio así, obedeció a cuestiones de fondo, más que de forma. Detrás del claro objetivo de dar un efectivo respaldo al Jefe de Gobierno del D. F. estaba, al mismo tiempo, la defensa de los derechos ciudadanos que los mexicanos sentimos amenazados. Y eso, es una cuestión de seguridad nacional. La Universidad detectó que si bien es cierto que una precaria mayoría votó por un cambio a un gobierno de derecha, éste no le ha sido propicio para su desarrollo. Antes bien, en la cima del poder político, sorpresivamente y poco a poco, se instaló la ultraderecha religiosa y, debemos ser honestos, nadie votó por ella en los últimos comicios, como tampoco lo hicimos por la señora Sahagún, porque ni siquiera estaban casados en ese momento. Y, si bien nunca se le conoció a la derecha un proyecto nacional, la ultraderecha sí lo tiene. Aunque un proyecto espurio, porque no cuenta con los necesarios consensos ciudadanos.

LA UNAM marchó en relativo silencio, pero su nutrida presencia denota, si no es que grita, la demanda de un cambio efectivo y la no reelección. Un país donde se han polarizado las posiciones y las instituciones, no le hace bien a nadie, porque se debilitan la fortaleza del Estado y la gobernabilidad. Esto lo sabe, primero que nadie, el rector Juan Ramón de la Fuente. La discreción universitaria no consiste en callar u ocultar la verdad para favorecer o ganarse las simpatías del grupo en el poder central, sino en decir lo que se debe decir, sin estridencias, pero con claridad y firmeza. Así la primera universidad del país, cumple su compromiso con México.


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