EL PODER Y LA COMUNICACIÓN
Por Gerardo Reyes Gómez.


Que fino se ha vuelto el gobierno para escamotearle al pueblo la verdad o, al menos, la realidad política. Si hubiéramos de darle a alguien un reconocimiento, como gran estratega de la política de comunicaciones oficiales, sería a Emilio Gamboa Patrón.
El poderoso subsecretario de Gobernación tiene la mano muy pesada. Para estas alturas Gamboa aventaja, por mucho, a Salazar Toledano, quien, como por arte de magia, convirtió en una sombra, lo que otrora fuera una super subsecretaría, Salazar muy pronto será reemplazado para poder incluir en el juego de la sucesión a don Pancho Labastida, pero ya con baraja completa.
Con todo, Gamboa, siempre Gamboa, es el fino estratega que maneja las información política en los principales medios electrónicos y algunos de la prensa escrita. Si alguien realizara un análisis de contenido, tiempos y formas, se encontraría con algunas sorpresas. Los noticieros de mayor credibilidad se apegan a las directrices del fino estratega. Se establece el tono más adecuado, se distribuyen las secuencias y los tiempos para acomodarlos a la conveniencia del gobierno y se le da preponderancia a la información que proviene de las fuentes oficiales. Mientras que la que deviene de los partidos de oposición se ve minimizada, relegada o tratada como si fuera intranscendente.
Al final de cuentas el nuevo juego se llama desinformación, porque se manipulan elementos esenciales de la noticia, de formato y de fondo. El gran público se ve privado de objetividad en el tratamiento de la información y, generalmente, es bombardeado con intrascendencias, como los viajes presidenciales, en lugar de alimentar a la opinión pública con una verdad más leal, para periodistas y medios.
Todo mundo entendemos que es mucho lo que se juegan los políticos y el sistema. Don Pancho y don Emilio seguramente hablan el mismo lenguaje, si el gobierno tiene las facilidades para hacerlo, por qué no tratar de poner en práctica una estrategia ganadora de manipulación de medios.
Ahora que, existe un problema. Este consiste en que por ese camino tarde o temprano terminarán por acabar con la credibilidad de todos los medios y en ese momento se deteriorará todo el mundo de las comunicaciones. No pueden, ni deben alimentar con chatarra al pueblo, sin correr el peligro de crear una desnutrición ideológica generalizada. No pueden engañar todo el tiempo a todos, llamando blanco a lo que es negro o viceversa. Ya que, al darse cuenta del engaño, la frustración social y política de la sociedad buscará otros caminos para satisfacer su necesidad de información.

Si el secretario de Gobernación y el poderoso secretario particular del presidente no atienden la situación, continuará el pueblo sufriendo la desinformación, pero lo grave sería que el próximo sexenio Gamboa Patrón podría ser denostado sangrientamente, y en términos más duros de los que está recibiendo ahora el jefe del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Pepe Carreño Carlón, a quien los periodistas comienzan a apodar "Pepe Perreño Caón".