LAS MULAS QUE LE TOCARON A DON PANCHO
Por Gerardo Reyes Gómez.


  Quiérase o no, la gobernabilidad es un asunto que compete a don Pancho Labastida quien a últimas fechas se le dificulta subirse a la atalaya del Palacio Covián, para observar las incursiones de los filibusteros.
Es de sobra conocido que cuando don Pancho llegó a la mesa de dominó, la mesa ya estaba puesta y la suerte echada. El no escogió las mulas que le tocaron. Sin embargo, él aceptó jugar y ahora pagará las consecuencias de tener, entre los gobernadores y algunos secretarios de Estado, alguno que otro hampón, sin olvidar a los cómplices del sistema, como por ejemplo: los nunca bien ponderados Mario Villanueva Madrid y Oscar Espinosa Villarreal, gobernador de Quintana Roo y secretario de Turismo, respectivamente.
Pasándose por debajo de las tumbas etruscas a la Constitución, lo que ya se ha hecho inveterada costumbre por parte de los hombres del poder, el proyecto para poner a funcionar un barco-casino en aguas nacionales continúa adelante, no sólo con la complacencia de los funcionarios mencionados, sino con su directa promoción en sus respectivos ámbitos de poder.
Nadie sabe si la empresa "Lucky Seven", que es el curioso nombre del que dejó de ser un proyecto para convertirse en realidad, obtuvo los permisos después de haber hecho los estudios de impacto ambiental y los de impacto cultural que debiera exigir las secretarías de la Semarnap y Educación Pública. Pero lo que es un hecho, es que la dependencia de don Pancho Labastida dice que tampoco ellos han concedido oficialmente los permisos de operación.

Quizá lo anterior se deba a que el secretario de Gobernación recibió instrucciones, de alguno de los socios de don Oscar Espinosa, para hacerse de la vista gorda y proteger la operación. Si éste es o no el caso, pronto deberá el mismísimo don Pancho enfrentar cuestionamientos a su participación, porque de esa bronca no va a salir limpio, especialmente cuando hay tanto dinero de por medio.