LA GUERRA DE MÉXICO EN INTERNET
Por Gerardo Reyes Gómez.

Cuando aquel funcionario leyó en la pantalla de su computadora la hoja de Internet diseñada para  la promoción de su Secretaría de Estado, sintió que se le caían los calzones; profirió una maldición, tomó el teléfono y reportó a sus superiores que los "hackers" los habían penetrado.
La tecnocracia mexicana nunca imaginó la poca simpatía que generaría al exterior de nuestras fronteras y fue incapaz de diseñar los mecanismos de seguridad para proteger la información mediante la cual el Gobierno se presenta ante el mundo de Internet.
El asunto va más allá de una cruel travesura de los "hackers" (el grupo de "free lances" expertos en computación capaces de penetrar los sistemas de seguridad de empresas e instituciones). Si sabemos que manos extrañas pueden entrar y modificar los datos de la hoja de la Secretaría de Hacienda, como ya lo han hecho, para que los visitantes al "site" tengan una idea diferente a la que se pretende proyectar, ello se convierte en una amenaza para la seguridad nacional.
Por si lo anterior fuera poco, los mensajes que los "hackers" han colocado en las hojas de algunas Secretarías de Estado aluden a la desmedida corrupción del gobierno. Ellos están dispuestos a introducirse en los sistemas computacionales de los centros financieros y amenazan con descubrir todo tipo de anomalías denunciándolas a la comunidad internacional.
Como puede deducirse, lo peligroso no es que los piratas del medio computacional se metan en nuestros sistemas como Pedro por su casa. Lo realmente terrorífico es que, si ellos lo hacen, otros expertos en cómputo, al servicio de intereses extranjeros, también pueden intentarlo para vigilar hasta el color de la ropa interior de nuestros gobernantes.

Sin embargo, no es aplicando la estrategia del avestruz como defenderemos nuestra seguridad nacional. Ni borrando, de la hoja de la Presidencia de la República en Internet, la biografía del Dr. Ernesto Zedillo, ni ocultando los datos de Adolfo Orive, el jefe de asesores de Pancho Labastida, en la de la Secretaría de Gobernación. ¡No! el problema mayor, es de fondo: la tecnocracia es vomitativa.