Linea Directa


COQUETEOS Y DEVANEOS EN LA UNAM

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 02-03-04)

La Universidad, con todo y ser una enorme fortaleza, abierta y generosa, de la ciencia y la cultura, en materia de seguridad es tan frágil como el más fino cristal de Bacará o, si se quiere, como el más típico jarrito de Tlaquepaque. Si se cuenta con el apoyo oficial puede ser tomada y paralizada por un puñado de activistas seudo estudiantes dispuestos a arriesgar el físico a cambio de unos pesos o unas botellas de licor porque sus líderes están cumpliendo ordenes de servicios de inteligencia obligados por la dependencia de la nómina salarial.

Desestabilizar a la UNAM, a las diversas fuerzas del sistema político, les resulta más fácil que realizar mentalmente sumas de números de dos dígitos. Sin embargo, establecer las causas ya no resulta tan obvio.

El rector Juan Ramón de la Fuente puede equivocarse en cosas menores, como nombrar a un bisexual para encargarse del puesto de edecán logístico o tener grandes aciertos como cortar de un certero tajo, la cabeza de Olga Hansberg, la señora de Alejandro Rossi, ex coordinadora de Humanidades, por haberse atrevido a cuestionar la voluntad política de las decisiones del jefe nato. Lo que ya no resulta tan fácil explicar es el rompimiento de ciertos equilibrios internos en su legítimo afán de convertirse en el líder social que México necesita para lograr el cambio democrático en nuestro país.

En medio de la mediocridad política de los principales actores oficiales en nuestros espacios públicos, generada fundamentalmente por la falta de sensibilidad y oficio del poder central, el rector De la Fuente inició, desde hace varios meses, una campaña de posicionamiento social, para proyectarse como un factotum de prestigio, especialmente en terrenos tradicionalmente dominados por las ideologías de izquierda. Repetimos, si bien la actuación del rector es perfectamente legítima, los efectos que produce en el grupo gobernante de abierta derecha y en los grupúsculos de sus últras, son de un abierto repudio.

Montar un escenario de homenaje en la UNAM dedicado al general Lázaro Cárdenas del Río, con el pretexto de la presentación de un libro, si bien es ampliamente honesto, no deja de ser sintomático. Por otro lado, establecer un récord de viajes de un rector a Cuba, sea mediante los buenos oficios del Dr. Druker, o sea aprovechando la  celebración de un congreso internacional sobre educación en la isla, cuando es de esperarse que, el mismo día en que viajó el rector De la Fuente a La Habana por segunda ocasión en un año, su nombre apareció sobre uno de los escritorios de Colin Powell en el Departamento de Estado.

Aunque el hecho mencionado, visto en forma aislada no debe ser interpretado como  malo o políticamente pecaminoso, sin embargo, es el contexto en el ambiente actual el que ofrece otros significados, como un atentado a los viejos como injustos desequilibrios.

Desde luego, el rector de la UNAM no es un empresario al que el gobierno de Washington pueda multar o sancionar libremente, aunque en la historia reciente ha sido costumbre considerar, de alguna manera, a los rectores de la Universidad como subordinados del presidente de México, con una excepción quizá, la de Francisco Barnés de Castro, quien más que subordinado se le tomó, y se le sigue considerando, como lacayo de Ernesto Zedillo. Su actual desempeño en la estructura federal se la debe a él, para cumplir los objetivos de la transferencia de soberanía energética a los ámbitos de las transnacionales petroleras que dominan el planeta.

Retomando nuestro tema central, hay quienes piensan que la forma es fondo y la actuación del rector De la Fuente algunos personajes la consideran como fuente potencial de celos por parte del poder central, similares a los que les generan las iniciativas exitosas de Andrés Manuel López Obrador con sus “segundos pisos y distribuidores viales”, especialmente en medio de una administración federal con más que magros  resultados. Como es lógico suponer, todo lo anterior esta inscrito en la lucha por el poder político en el proceso de sucesión presidencial y de eso debe cuidarse el rector de la UNAM para preservar su institución.


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