LA ODISEA DIPLOMÁTICA PRESIDENCIAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 03-10-00)

Las botas más veloces del oeste mexicano, con su hombre adentro, se montaron en la modesta aeronave Fuerza Aérea No. 2 y cruzaron como un relámpago los horizontes del océano Atlántico. Toda una aventura del que, también, es el gastabotas soltero más codiciado por las modernas meshicas. Pero claro, se trata de la aventura más seria de la alta diplomacia mexicana: visitar cinco países europeos en cinco días, con dos más para el transporte y el personal esparcimiento.

Los minuciosos preparativos de la ultra rápida gira no descuidaron los detalles; estaba de por medio el orgullo nacional, y la imagen del presidente electo debe estar cubierta de una brillante aureola de eficiencia. Así que, por principio de cuentas, fue necesario que los embajadores de México en Alemania, Francia, España, Bélgica y Gran Bretaña se aproximaran a los jefes de esos Estados para, con gran discreción, preguntar sobre una cuestión vital para nuestra seguridad nacional: averiguar la talla de sus respectivos pies. El asunto era harto delicado porque ese tipo de intimidades no suele ser de dominio público; a algún jefe de Estado como, por ejemplo, a Jaques Chirac, le puede incomodar que sepan que posee pies grandes, si los conjugan con ideas cortas. Pero recibido el reto en nuestra cancillería, la señora Rosario Green, todavía conocida como la doña de Tlaltelolco, puso el máximo de sus empeños y consiguió la información con la debida antelación al viaje del señor de las botas.

Tomen en cuenta los lectores que son los pequeños detalles los que sirven de base para construir grandes cosas. De esa manera el presidente electo mexicano podrá cumplir con uno de sus rituales personales: regalar un par de hermosas botas, hechas a la medida en su fábrica de botas de Guanajuato, a cada uno de los jefes de Estado a los que visitará durante su gira.

Una vez roto el hielo con Tony Blair, Jaques Chirac, Gerhard Schroeder, como se llame el de Bélgica, José María Aznar y el Rey Juan Carlos, ambos de  España, (lo cual convirtió a éste último en el primer Rey con botas de Europa) y luego haber intercambiado importantes y fundamentales comentarios sobre la calidad de las botas, el presidente electo y  Adolfo Aguilar Zinzer, su prospecto para reemplazar a doña Rosario Green, podrán plantear a toda velocidad los objetivos de su viaje: fortalecer el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea y, sobre todo, restaurar los flujos financieros de inversión canalizados hacia México.

Después de mucho pensarlo, los estrategas diplomáticos del señor de las botas, Zinzer y Castañeda, quienes respetuosos de la jerarquía no usan el mismo tipo de calzado que el presidente electo, lograron con

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