Linea Directa


LOS SERVICIOS ÉTICOS DE LA UNAM

Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 05-01-04)

Después de la vacación y la francachela de las fiestas decembrinas vienen los costos de la resaca, los ámbitos de la política no fueron la excepción; los mexicanos nos enteramos que durante los últimos días del 2003 se montó un fraude en el Congreso de algo así como siete mil millones de pesos en la aprobación del presupuesto de gasto público aprobado por la Cámara de Diputados. El fraude no prosperó, gracias a que fue detectado por algunos desconfiados legisladores, más sin embargo, el operador del mismo fue un viejo conocido: Francisco Rojas Gutiérrez.

¿Quién es ese diputado matarife de la política que con toda la cachaza del mundo trabajó intensamente para tratar de engatusar a la mayoría parlamentaria, misma que había discutido, asignado y aprobado las partidas de gasto presupuestales? Pues nada menos que un ex secretario de la Contraloría y luego ex director general de PEMEX, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, lo que nos confirma que el cínico de Rojas no trabajó bajo su propia inspiración, especialmente cuando es públicamente conocido que si él ahora ocupa un escaño en la actual legislatura, es gracias a que su jefe lo impulsó recomendándolo a Roberto Madrazo y a Elba Ester Gordillo, con el objetivo de hacerlo candidato a gobernador del Estado de México. Luego entonces, Carlos Salinas continúa operando para Vicente Fox.

La cosa es mucho más grave de lo que pueda imaginar el lector porque el “glorioso”  diputado Francisco Rojas se prestó a hacer el trabajo de fontanero, metiendo las manos en la majada para dejar al gusto del Ejecutivo los que serán escasos recursos para el 2004. Eso sí, Rojas es un fontanero de alcurnia porque curiosamente, cuando se dio la caída en desgracia de Carlos Salinas, él se refugió en la Universidad Nacional Autónoma de México, bajó la protección directa del príncipe armenio José Sarukhán Kérmes, el jefe de un importantísimo grupo de poder incrustado en la UNAM, y Rojas llegó a ser primero miembro del Patronato Universitario, culminando luego en el cargo de patrono de la gran casa de estudios. Esto es, hasta no ser designado por Elba Esther Gordillo candidato del PRI a la diputación, el ahora defraudador manejaba todo el presupuesto de la UNAM. ¿Acaso el rector Juan Ramón de la Fuente no sabía que la Universidad tenía a su servicio en un puesto estratégico de mando económico a un defraudador o, por lo menos, a un delincuente potencial?  ¿Desconoce el rector los delincuentes que cobija la UNAM? Y si es así, entonces para qué le sirven sus servicios de inteligencia?

¿Acaso lo anterior querrá decir que el rector De la Fuente, en aras de conseguir sus objetivos políticos personales pone en entredicho la ética universitaria, al abrir un ojo, pero cerrar el otro? ¿Quién podría creerle al rector, que Francisco Rojas, el guardián de la caja fuerte de los dineros universitarios, de pronto y por inspiración divina, se convirtió en defraudador, sabiendo con antelación para quiénes trabaja? ¿Cómo se habrán manejado las cuentas universitarias en los últimos años, con tal dechado de prototipo ético en las finanzas universitarias?


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