Linea Directa


TOMA POSESIÓN UN LÍDER EN LA UNAM

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 01-12-03)

Situado en un ángulo privilegiado de la matriz, esto es en el Palacio del bien y del mal, donde nacieron sus aspiraciones profesionales, el rector Juan Ramón de la Fuente recibió la venera que lo invistió nuevamente como jefe nato de la UNAM. Lanzando a la rosa del los vientos significados altamente simbólicos, De la Fuente inició la segunda fase de su proyecto político; obtener la Presidencia de la República.

Desde el antiguo Palacio de Medicina, edificio del bien, porque ahí se consolidó el asiento de una de las más nobles profesiones destinadas a paliar el dolor y curar la enfermedad humana, pero también palacio del mal, porque en sus subterráneos estuvieron alojadas las mazmorras y salas de juicio de la “Santa” Inquisición, el rector pronunció un discurso dirigido a su comunidad, pero también al resto de la nación. Podemos afirmar, haciendo un símil con tradiciones bíblicas, que el simbólico lugar ofrece evocaciones directas con el árbol de la sabiduría y su siempre apetitosa manzana.

Tentado y seducido por la ambición, De la Fuente le dio el primer mordisco al fruto prohibido y paladeó en su paraíso, esa matriz que le diera vida, las mieles tempranas del poder. Como en el más famoso discurso que pronunciara Luis Donaldo Closio, el trágico y fallido candidato priísta a la Presidencia de la República, en aquel mensaje dictado en el Monumento a la Revolución que comenzara con “Veo a un México…” Así los espléndidos recursos retóricos del rector fueron desgranando palabras que dieron forma a conceptos fundamentales:

“Creo también en una universidad profundamente comprometida con México. Creo en la universidad pública, sin barreras económicas, sin distinción de credos, ni de etnias ni de clases. En una universidad que eduque a los jóvenes para ser libres y autónomos; que los constituya en sujetos éticos capaces de asimilar y digerir todo el orden cultural y moral en el que los conocimientos adquiridos en ella tengan pertinencia y sentido.

Una universidad así, en un país con un desarrollo desigual, no puede ser conformista; una universidad así, en un país que exige justicia, no puede ser pasiva, y que una universidad así, en un país independiente, no puede ser sumisa”.

Sin embargo, donde De la Fuente se torna en un líder que invade espacios más allá de sus fronteras, es cuando afirma: “Hemos aprendido que disentir es un privilegio de la inteligencia, no un pretexto para la violencia; y hemos aprendido, también, que coincidir es un privilegio de la razón, una consecuencia de la libertad, no de la subordinación… Aquí cabe todo, como diría Alfonso Reyes, menos lo absurdo”.

Conceptos que anuncian el advenimiento de un proyecto tan revolucionario, como subversivo, porque apelan a la ética, al talento, a la inteligencia, a la verdad y a la razón. El rector De la Fuente parece tener implícito en su discurso, un referente al que muy poco veladamente se está refiriendo. ¿De qué clase de madera se modela ahora a los líderes?


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