Linea Directa


UN TENEBROSO HOMICIDA EN LA UNAM

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 06-10-03)

Como no hay plazo que no se cumpla y lo prometido es deuda; hoy abordaremos una página negra de la Universidad Nacional Autónoma de México, la institución que tiene tantas y tantas cosas buenas, pero también, por desgracia, alguna que otra muy mala.

Lo antecedentes son: el miércoles 25 de febrero de 1998 la sociedad morelense se despertó con una trágica noticia, de la que muy pocos llegaron a sopesar su importancia; los diarios locales y el Canal 3 de televisión local daban cuenta de que un conductor de nombre Héctor Iram Hernández Bringas, en completo estado de ebriedad, había dado muerte al taxista Felipe Tenorio Eligio y había dejado lisiada a Isabel Téllez, la persona que se disponía a abordar el taxi contra el que se impactó la lujosa camioneta oficial Voyager con placas 707GTN.

El “accidente” al que hoy nos referimos ocurrió aproximadamente a la 2:30 de la madrugada, a la altura del kilómetro 3.5 del Paseo Cuhauhnáuac de la Ciudad de Cuernavaca, Mor., Esto es, en las inmediaciones de la llamada Zona Roja o de tolerancia. Testigos del homicidio afirmaron que el conductor que se impactó contra el taxi iba armado y, durante las primeras pesquisas desapareció el arma. En ese momento el conductor intentó sobornar a los agentes encargados de la investigación ofreciéndoles 20,000 pesos, afirmando que él era asesor del gobernador del Estado, el tristemente célebre Jorge Carrillo Olea. (Cualquiera que tenga duda puede leer la crónica del homicidio en ocho columnas en la contraportada del periódico “La Unión de Morelos” de la fecha mencionada)

La nota a la que nos hemos referido difiere muy poco de otras similares consignadas en las secciones rojas de los medios escritos. Sin embargo, para quien conocía el nombre del sujeto homicida, la información le caló hondo. Era, y por desgracia aún es, el director del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM en Cuernavaca.

 La primera pregunta que se impone hacer sería la siguiente: ¿Cómo logró mantenerse el homicida en un cargo en el que el Estatuto Académico de la UNAM exige ser ejemplo de liderazgo ético e intelectual? La segunda pregunta sería: ¿Quién logró no solamente protegerlo sino, además, brindarle impunidad, arropándolo con la defensa del cuerpo jurídico de la UNAM, cuyas responsabilidades debieran ser muy diferentes a las que exige la representación de un homicida mucho más que imprudente? El homicida de marras no logró acumular ni 48 horas detrás de las barras de la cárcel de Jiutepec, Morelos; con un pago de menor a los doscientos mil pesos logró su libertad provisional. ¿A qué se dedicaban los servicios de inteligencia de la UNAM, cuando todo esto sucedía y cómo informaron al rector? ¿Qué papel jugó en este episodio el coordinador de Humanidades? Y, por último: ¿cómo logró el patético protagonista, dos años después de la tragedia, transformado en un superman intelectual universitario, ser reelecto, para un segundo periodo de cuatro años en el cargo de director del CRIM, para continuar mofándose de la justicia y los valores académicos? A menos, claro está, que sus poderosos protectores formaran una red de complicidades de muy alto nivel.

Sin embargo, no vaya a creer el lector que el homicida a que nos referimos no posee otros importantes méritos. El primer actor de nuestra historia, además de poseer, más que atípicas, raras desviaciones de conducta, con puntos coincidentes en la simulación, él, por méritos propios, logró ser considerado en esta administración federal de Vicente Fox entre los tres más fuertes candidatos a ocupar el máximo puesto en el Consejo Nacional de Población, una muy importante dependencia federal dependiente de la Secretaría de Gobernación. No obstante, de esa misma Secretaría de Gobernación depende el CISEN y, curiosamente, ellos sí tienen una ficha donde aparecen todos los datos que hoy sucintamente hemos descrito. Y al parecer fue debido precisamente a estos argumentos que fue desechado. 

Este mes de octubre, el tenebroso personaje, “héroe” de la singular tragedia (ya que los tres hijos del taxista que en aquel momento contaban con nueve, y tres años de edad, así como un bebé de tres meses de nacido, continúan creciendo sin padre y rodeados de pobreza) tendrá que dejar el puesto para el que fue ilegítimamente nominado, sin embargo, lejos de haber aprendido una dura lección de la vida, él intenta perpetuarse vía el nombramiento de una incondicional en la Dirección del CRIM, manipulando así un proceso de sucesión que debiera ser tan diáfano y cristalino, como los más altos idearios de la UNAM.

A pesar de lo descrito, la Universidad es mucho más que una sórdida historia como la que hoy debido a las circunstancias nos hemos visto obligados a describir, pero de que este individuo manchó a una administración universitaria, como la del doctor Francisco Barnés de Castro, no hay duda. ¿Volverá a repetir su hazaña?


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