Linea Directa


LUCES Y SOMBRAS EN LA UNAM

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 29-09-03)

En un clima, si no de ingobernabilidad sí de muy precaria definición legislativa, producto de los más recientes acomodos en la Cámara de Diputados y la recomposición de las fuerzas parlamentarias, la Universidad Nacional Autónoma de México ha planteado reiteradamente ante el Ejecutivo Federal y el Congreso la necesidad de asignar recursos suficientes para garantizar la noble misión y el difícil rol que le toca interpretar frente a la sociedad mexicana.

Los recursos que le han sido asignados a la UNAM resultan insuficientes para cumplir a cabalidad con su con su cometido y eso se traduce en importantes rezagos de su función. Mientras otras instituciones, como el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Campus México, en una poco publicitada ceremonia el pasado viernes 19 egresó la friolera de 309 alumnos con el grado de Maestría, lo que demuestra su gran potencial formador de nuevos cuadros para nutrir las necesidades nacionales, la UNAM se debate en la penuria económica.

Es cierto que a cada egresado del ITESM le costó al menos nueve mil pesos contantes y sonantes trimestrales el costo de su posgrado, pero el esfuerzo valió la pena. Para gran parte de los estratos de la población que atiende la UNAM, un costo de esa naturaleza, más que prohibitivo resultaría un insulto por sus niveles de ingreso terriblemente deprimidos. Aun así, si la UNAM no puede dar un golpe tan espectacular en la eficiencia terminal de sus posgrados en una sola dependencia, como el que mencionamos, sí atiende una muy rica variedad de carreras y especialidades fundamentales para el desarrollo nacional que ninguna otra institución de educación superior puede igualar.

Con todo, la UNAM, una institución enormemente compleja, posee numerosos saldos muy positivos, pero también, por desgracia, unos pocos negativos. Entre estos últimos podemos contar un caso vergonzoso, como es el haber nombrado a un homicida como director de una de sus dependencias, en contra de los claros preceptos de la Ley Orgánica de la UNAM y de los Estatutos del Personal Académico. Estamos reuniendo la información pertinente para darla a conocer a nuestros lectores en próximo artículo que pretende ofrecer una visión más realista de nuestra gran casa de estudios y cómo, a pesar de buen número de salvaguardas institucionales que posee la Universidad, cuando un rector se equivoca o malévolamente lo mal informan, y llega a violentar las normas éticas fundamentales, logra hacer estragos en una comunidad en la que por su raza ya no hablará el espíritu, al menos no un espíritu limpio y diáfano como el que ese rector al que nos referiremos, en su momento, juró respetar. 


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