Linea Directa


EL IMPOSTOR-SEÑUELO

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 09-06-03)

Jorge Castañeda Gutman, ciertamente en un alarde de explosiva inteligencia, pretende dar un giro de 180 grados a su tradicional personalidad, a su carácter y a la máscara con que la que cubre el rol de su actuación política.

 Sospechosamente, el ex canciller de pronto comenzó a comportarse como una persona amable, humana, condescendiente, tolerante y reflexiva. Capaz de utilizar, para lograr sus objetivos, encantos insólitos en su personalidad, al mismo tiempo que todos los recursos mercadotécnicos a su alcance, además, los apoyos financieros institucionales  que el Poder Ejecutivo le brinda en bandeja de plata, para operar su futurista proyecto que bien podría llamarse “El Señuelo” y, sobre todo, aprovecha para sus propósitos una útil y valiosa infraestructura, política y mediática, paralela, que los socios del poder económico ponen en ocasiones al servicio de la dirigencia del Estado. Entonces, poco o nada le falta a quien, desde los albores de su nacimiento político, fue creado dentro de una placenta alimentada por un cordón umbilical conectado a una fuente de poder imperial extranjera.

Sin embargo, el impostor miente, actúa, aparenta y se maquilla. Tranquilo y reposado gesticula con eficiencia para convencer, pero él y nosotros sabemos que el carácter de una persona no cambia, como si fuera un traje o cualquier otra prenda de vestir. El carácter, las fobias, los valores, las inclinaciones y la esencia de su personalidad (que más que rosa es buganvilla) no cambian como de la noche al día. Si insiste en la interpretación de su nuevo personaje, más tarde o más temprano, se verá afectado por un desorden grave de la personalidad que podría conducirlo al suicidio; nadie puede fingir por mucho tiempo, lo que no es. Con todo, es de reconocer y alabar que el alarde de ingenio del impostor pone a prueba sus capacidades, no solo las histriónicas, sino la de resistencia.

Así que, a manera de señuelo, para engañar a las almas políticamente inocentes, el impostor-señuelo deambula por muchos espacios nacionales, desde los académicos, donde usualmente recibe el rechazo, aunque no en todos, en diversos cotos intelectuales, algunos sindicales, e incluso foros empresariales y casi todas las tribunas  en los que esté seguro que no lo tilden de traidor o quieran escucharlo, sin lanzarle objetos o cuestionar sus posiciones. El objetivo, diseñado por el mismo impostor, con la luz verde de Los Pinos, es servir como cortina de humo para que el proyecto de sucesión de Fox pueda prosperar, mientras él atrae la atención y le da una nueva dimensión a su deteriorada imagen. ¿O alguien sería tan estúpidamente cándido como para creer que Marta María Sahagún sería capaz de renunciar de motu proprio a su proyecto, y dejar de ejercer el poder político presidencial, desde la cúpula de la ultraderecha, con el apoyo de los Legionarios de Cristo?

¿En qué momento podría el impostor-señuelo intentar traicionar a su jefe, y capitalizar políticamente todos sus esfuerzos y la inversión en tiempo y en recursos? Eso dependerá del desarrollo de su precampaña, pero si puede lo hará, como lo ha hecho otras veces. A los únicos que no puede traicionar, por que sabe que le va en ello la vida, es a sus verdaderos amos; los que están más allá del Río Bravo.

Mucho, como diez o veinte veces más inteligente que el presidente, su jefe formal, él tiene que aparentar, soportar y tolerar las innumerables pruebas de la incompetencia más pedestre, de la estulticia a flor de piel, de su proverbial ignorancia, del desplante vulgar y de la fina sensibilidad cutánea con la que cuenta un paquidermo. 

Así que vayan a otro perro con ese hueso; éste ni queriendo se traga el primer acto de la patética tragicomedia del impostor-señuelo.


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