EL SUPER CARDENAL DEL GABINETE
Por Gerardo Reyes Gómez.


Montados ya en el proceso de sucesión presidencial, todos aquellos cardenales y gobernadores que tienen aspiraciones a la silla grande de Los Pinos, dedican cinco minutos más de su valioso tiempo a contemplarse en el espejo para vigilar su imagen y, si es mentira lo que afirmo, que me corrija José Ángel Gurría.
El secretario de lo que queda de Hacienda y C. P. hace frecuentes raunds de sombra frente a personalidades de diferentes foros; pule su lenguaje político, da paso a su "lovely charming", realmente se esfuerza para fascinar a sus auditorios y, sobre todo, reza, reza y reza para que no bajen aún más los petroprecios, porque otro recorte adicional a los ya ejercidos, que totalizan 26 mil millones de pesos, le rompería toditíta su ...  ambición o, para decirlo suavemente, sus esquemas.
Debido a impedimentos técnicos, los cuales tienen que ver con los candados que se auto impuso el PI (le quitamos la R, porque dejó de ser Revolucionario) en su última Asamblea Nacional, Gurría se encuentra feliz y protegido. Dado que por el momento solo existe un precandidato a la Presidencia que llene los requisitos, don Pancho Labastida Ochoa, titular de Gobernación, quien reta en forma natural la puntería de los francotiradores, por aquello de "péguenle al negro".

Sin embargo, el próximo noviembre el PI (sin la "R") recibirá consigna de un "maltrecho desdedado" para darle cayo a los famosos candados. Palacios Alcocer justificará su chamba y cumplirá el objetivo para el que fue llevado a esa posición y  será entonces cuando den principio las hostilidades entre los precandidatos, hermanos de sangre de la nunca bien ponderada tecnocracia que llegó al poder para quedarse. Carlos Salinas, jubiloso, dará brinquitos en Dublín y, tras las bambalinas del Dr. Zedillo, Córdoba Montoya dibujará en su rostro un esbozo de sonrisa. "¡Yes, yes, Mr. Gurría, you realy know how to do it!"