Linea Directa


LA ESCUDERÍA DE JORGE CARPIZO EN LA UNAM

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 12-05-03)

En un proceso de la sucesión del rector de la UNAM, como el que actualmente vive la gran casa de estudios, ningún análisis estará completo si no se aborda uno de los factores claves, la estructura de grupos internos de poder real que entran en el juego de la competencia. Tales grupos se conforman por las especialidades profesionales y, además, por los liderazgos de connotadas personalidades, generalmente ex rectores, que los encabezan.

A pesar de que en la Universidad se imparten más de cincuenta diferentes carreras profesionales, sólo cinco o seis de ellas son capaces de generar consensos suficientemente generalizados para poder impulsar las adhesiones necesarias para llevar a la Rectoría a un candidato. En realidad el juego político fuerte se da entre los grupos de los médicos, los abogados, los ingenieros, los químicos, etcétera.

Una de los grupos más poderosos es el que se forma en torno a la Facultad de Derecho; el de los abogados. Con raíces profundas en la Universidad Pontificia, la que fue un lejano antecedente de la Universidad Nacional, el grupo de los abogados ejerció el poder no solo en los ámbitos académicos, sino en el poder público. En el México contemporáneo, al término de la secuela revolucionaria en los años 40, que había dejado a los caudillos militares ejerciendo el poder político, este se trasladó a los abogados para dirigir los destinos nacionales. Y como es natural, tal decisión tuvo impactos correlativos en la UNAM.

Como no hay plazo que no se cumpla, hoy, como habíamos prometido, abordaremos dentro del proceso de sucesión de la Rectoría de la UNAM, la posición que ocupa la escudería de los abogados que dirige el doctor Jorge Carpizo McGregor, como el incontrovertible líder de la área de Derecho de la Universidad, quien ejerce su liderazgo desde el Instituto de Investigaciones Jurídicas, encabezado, solo formalmente, por el doctor Diego Valadéz.

Hablar del muy controvertido Jorge Carpizo es referirse a un abogado que ocupó la Rectoría de la Universidad al término del primer periodo del doctor Octavio Rivero Serrano, dando inicio a un periodo de desestabilización institucional dentro de la casa de estudios, que culminaría con el surgimiento del Consejo General de Huelga (CGH) Pero eso sería peccata minuta, luego, durante la administración de Carlos Salinas de Gortari Carpizo iniciaría una carrera dentro de lo peor de la política, que comenzó cuando fue nombrado presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, un puesto en el que hasta la fecha, continúa ejerciendo una tan grande influencia que determina quién debe ser presidente de esa Comisión. El ex rector, casi inmediatamente después, fue nombrado titular de la Procuraduría General de la República, desde donde se reforzó la red de protección para el conocido cártel de narcotraficantes de los hermanos Arellano Félix en Tijuana, Baja California. Luego, antes de terminar el sexenio de Salinas de Gortari, Carpizo fue nombrado secretario de Gobernación, puesto que ocupó hasta el final de esa administración.

Durante los gloriosos días de Carpizo se dieron los siguientes hechos notables: el crimen de Estado del cardenal Jesús Posadas Ocampo, en el aeropuerto internacional de Guadalajara, Jalisco; la fuga de uno de los hermanos Arellano Félix del mismo aeropuerto; la ejecución de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI, llevada a cabo en Lomas Taurinas de Tijuana, Baja California,; la ejecución de José Francisco Ruiz Massieu, el entonces secretario general del PRI, el nombramiento del antiguo colaborador del mismo Carpizo y hermano del funcionario priísta ejecutado, Mario Ruiz Massieu y su posterior detención por parte de las autoridades aduanales estadounidenses, quien finalmente fue convencido de refugiarse bajo el programa de testigos protegidos y vive bajo otra identidad en los EE.UU.

Al término de esa muy interesante incursión del doctor Carpizo por los espacios públicos federales, el abogado regresó a su plaza de la UNAM para continuar moviendo los hilos del Instituto de investigaciones Jurídicas y los de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Por lo que se puede observar de lo descrito, los abogados tienen pocas probabilidades de hacerse de la Rectoría de la UNAM en el actual proceso, aún cuando se saquen de la manga la postulación del doctor José Luis Soberanes Fernández, con todo y su reciente popularidad. Sin embargo, su influencia podría ser determinante al interior de la Junta de Gobierno de la Universidad, ya que por su peso específico poseen incondicionales dentro de ese cuerpo colegiado que en una votación dividida de catorce miembros pudiera inclinar la balanza en el sentido equivocado. El rector de la Fuente se verá obligado a contemplar esa presencia y, si fuera necesario negociar, para sacar adelante su candidatura o, llegado el caso, brindar su apoyo a la persona a la que él apoye para ocupar el sitial de la rectoría que De la Fuente estará dejando para irse como un fanático sionista israelí en pos de la tan prometida, como ambicionada, tierra de Los Pinos.


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