Linea Directa


EL RECTOR DE LA UNAM, EN EL CONTEXTO DEL PRESTIGIO

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 10-03-03)

Cuando las cosas se ponen color de hormiga el doctor Juan Ramón de la Fuente, se crece al castigo. El rector de la UNAM utilizando el conocimiento proveniente de su especialidad profesional, de doctor de almas, blande ese mazo formidable, con el cual logra tocar puertas, doblegar voluntades, y sacar adelante sus objetivos. La UNAM sufre penurias económicas, pero eso no le quita el sueño a un rector empeñado a sacar adelante a su institución y su campaña.

En un reciente evento de la Segunda Reunión de Macroinstituciones de Educación Superior de América Latina, celebrado intramuros en el contexto de reforzamiento de imagen política, la UNAM, como el resto de las universidades, elevó su clamor debido a la falta de recursos para llevar a cabo su responsabilidad social y apoyar el desarrollo.

Dentro de la misma agenda, encaminada a sensibilizar a la autoridad federal de los esfuerzos que hace la gran casa de estudios para allegarse recursos extraordinarios, el Instituto de Investigaciones Sociales de Universidad dio a conocer un donativo del Banco Mundial para la UNAM, de medio millón de dólares, recibido gracias a una recomendación de su propia Oficina encargada de los asuntos de Colombia y México (vaya malhadada coincidencia). El donativo constituirá un Fondo de Desarrollo Institucional para el combate a la corrupción, mediante la creación de un Laboratorio de Documentación y Análisis sobre la Corrupción. Y en ese mismo tenor, la Universidad Nacional de mexicana reportó haber logrado el año pasado recursos por 1,300 millones de pesos, que aunque es un monto pequeño, para las necesidades institucionales, representa un considerable esfuerzo.

Línea Directa, nuestro medio de comunicación, ocasionalmente intenta ayudar a la UNAM a superar éstas cíclicas crisis financieras, aportando ideas lo suficientemente prácticas para poder ser llevadas a cabo sin grandes sacrificios. Durante el primer periodo del rectorado de José Sarukhán, cuando, desgraciadamente todavía, no existía el proyecto del Laboratorio de la Corrupción, propusimos que, entre otras medidas destinadas a incrementar los ingresos extraordinarios, se alquilara el Palacio de Minería, obra del gran Tolsá, para realizar bailes de gran gala en blanco y negro, cuando la cursi alta sociedad mexicana de esos tiempos, acostumbraba a enviar a Austria a sus hijas quinceañeras para presentarlas en sociedad, bailando en Viena con los cadetes austriacos, aunque estos fueran estudiantes de la Academia de Policía o la de Bomberos. En aquel entonces, nuestra propuesta no prosperó, o al menos no se reglamentó y en ese escenario sólo se llevaron a cabo algunos esporádicos convivios de postín.

Sin embargo, el año pasado, como recogiendo el guante, mediante una negociación en lo obscurito, tuvo lugar un benéfico acuerdo para que la señora Marta Sahagún festejara su cumpleaños justamente en el Palacio de Minería, después de que el principal miembro de la pareja presidencial, esto es la fémina, asistiera a una función de gala en un cercano teatro del centro histórico de la Ciudad de México. Y ahí, en el monumental Palacio neoclásico y en un cálido y emotivo ambiente, propio de la ocasión, la primerísima, la única y más grande dama que ha tenido el país en su historia escuchó embelesada las populares mañanitas cantadas, ni más ni menos que por el gran tenor Plácido Domingo. Ella quedó tan extasiada que no le cabía el alma en el cuerpo, ni en el Palacio.

¿Acaso no podría volver a repetirse el numerito? Pero ahora con una tarifa que le permita a la UNAM sobrevivir, si no con gran orgullo, si al menos, atendiendo en primer lugar, a un magnífico pretexto: su responsabilidad social para con cientos de miles de jóvenes para quienes la UNAM es la única esperanza de acceder a la educación superior. ¡Vaya perspectiva y, sobre todo, en tiempos de gran cólera!


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