LA UNAM BAJO AMENAZA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 06-09-00)

Soplan malos vientos sobre la UNAM. Vientos terriblemente veloces, preñados de insidia, de complot y destrucción. Primero fueron las voces de las cúpulas empresariales: "la Universidad se ha vuelto poco competitiva; para ocupar los puestos de empleo se prefiere a los egresados de universidades privadas".
Al mismo tiempo, en otros obscuros recintos del poder político, se organizó una embestida, similar a la que desde Los Pinos inspiró el régimen del presidente Zedillo a fines del 98, cuando le aconsejaron organizar un movimiento huelguista en la UNAM, para neutralizar a la oposición política universitaria, con el propósito de favorecer a la alternancia presidencial e iniciar la "transición a la democracia".

El Consejo General de Huelga (CGH), dirigido por los mismos conocidos agentes al servicio del gobierno federal, está de nuevo en la Universidad, mostrando su prepotente presencia. Vicente Fox, aún no participa en el complot, aunque sus analistas ya detectaron el operativo gubernamental para continuar debilitando a la UNAM y no lo desaprueban del todo. Saben que Zedillo ha iniciado el trabajo sucio, allanándole el camino a los que vendrán.

Aclaremos que quienes, en las cúpulas de poder, están detrás del proyecto contra la UNAM no lo hacen por maldad. Ellos están convencidos que la Universidad dejó de cumplir con sus objetivos; que ha terminado su ciclo.

En un mundo inmerso en la creciente globalización, los universitarios mexicanos, especialmente los egresados de universidades públicas, están en pavorosa desventaja. No tienen elementos para competir y, en su mayoría, carecen de las habilidades que proporciona la educación moderna, el manejo de: la abstracción; el pensamiento sistemático; la experimentación y la colaboración.

En la nueva sociedad, denominada "del conocimiento", la inmensa mayoría de los universitarios no tienen posibilidades de sobrevivir profesionalmente. Y, según la tendencia dominante de la globalización, no es solamente la UNAM la que adolece de vicios que parecen insuperables, sino todo el sistema educativo nacional. Aunque el proceso educacional es, per se, un proceso de formación de elites, México no se ocupa conscientemente de seleccionar, desde pequeños, a los mejor dotados para formar una base de analistas simbólicos, capaces de crear y generar conocimiento de alto valor en el mercado de la ciencia y tecnología, que sean suficientemente competitivos con los egresados de las universidades de los países desarrollados.

Ante este panorama, y cuando las huestes del CGH piden a gritos la cabeza del rector De la Fuente,  no resta sino cerrar filas, emprender con decisión, firmeza y gran celeridad, la reforma estructural a fondo que requiere la Universidad para poder sobrevivir. Sentar las bases de un nuevo compromiso social, y un nuevo acuerdo político con el Estado. La estrategia institucional universitaria deberá considerar los tiempos políticos, como un elemento fundamental. El rector De la fuente puede perder la muy discutible amistad del presidente Zedillo, pero puede consolidar el liderazgo sobre su comunidad. Son tiempos de crecerse al castigo.