Linea Directa


FOX; PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 02-12-02)

Soplan vientos turbios en el Congreso, ojos de líderes que no miran de frente, se pronuncian palabras firmes, pero de intención torcida, se perciben veladas alianzas que tocan la ignominia, hay ambiente de asonada y capitulación. Y no es para menos, los rumores parecen confirmar las maletas llenas de billetes verdes que engrosarán los patrimonios privados de los jefes de facción; el Senado de la República está a la venta.

La enorme mayoría de los ciudadanos mexicanos no se da cuenta de que estamos en guerra. Una guerra sorda, soterrada, pero igual o más despiadada que muchas del tipo convencional. Desde el año pasado se rompió lo que parecía un equilibrio entre las fuerzas de la globalización y su contraparte, la resistencia. Pero a partir de entonces quedó establecida la nueva tendencia: el 51% de las economías más poderosas del planeta son empresas privadas y el 49% restante son Estados-nación. De esta manera las empresas transnacionales han adquirido un peso específico por encima del que ejercen políticamente los estados nacionales.

Si aunamos a lo anterior que los fenómenos sociales también se globalizan no debería sorprendernos que, por ejemplo, la corrupción haya traspasado todas las fronteras geográficas y así, actos como aquel que se diera en el “puritano” Capitolio de los EE.UU. cuando a principios del siglo pasado el banquero J. P. Morgan compró con billetes a todos los congresistas de una legislatura para que aprobaran las leyes que él requería  fueran aprobadas, nosotros en México no vamos a ser una excepción. En otros frentes de guerra no faltan los ejemplos. Cuando George Tanet, director de la CIA envió a sus representantes a Afganistán semanas después del más famosos 11 de septiembre, llegaron a entrevistarse con dos de los hombres claves del Gabinete de Kabul y les pusieron frente a sus ojos tres millones de dólares para que los administraran a su arbitrio y sin tener que justificar gastos y destino de esos recursos y ahí se sentaron las bases de la derrota afgana; la corrupción es pues materia de internacionalización.

En esta guerra que vive el Congreso de México, tras las totalmente abiertas intenciones del jefe del Ejecutivo, dizque para modernizar el sector eléctrico mexicano, están los compromisos concertados previamente a las elecciones que lo llevaron a la Presidencia, compromisos pactados con los representantes de poderosísimas empresas transnacionales que controlan la mayoría de las fuentes de generación de energía del planeta. Ahí están en juego inversiones del orden de miles de millones de dólares para proyectos similares a la presa “El Cajón”, entre otras, que serán construidas sobre el río Usumacinta en Chiapas. Un mega proyecto hidroeléctrico que resolvería las necesidades eléctricas no solo de México, sino de todo Centroamérica. Requerimiento de energía indispensable, si se requiere explotar todo el potencial petrolífero del sureste mexicano y los yacimientos de más al sur como los de Guatemala.

El tamaño del negocio es enorme, pero también el de la guerra por conseguirlo. En ese escenario qué posibilidades tiene de sobrevivir gente como “el Jefe Diego” a quien todas sabemos le encantan los billetes y si son verdes mejor, o los senadores Enrique Jackson o Jesús Ortega o Hadman, Sodi o el diputado Martín Batres, quienes serán sólo algunas de las primeras víctimas de los cañonazos de guerra y que se irán a la tumba del soldado desconocido, pero con las alforjas repletas de oro.


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